El Banco de México y el INEGI han informado que entre los años 2011 y 2019 los migrantes veracruzanos enviaron a sus familias más de 10 mil millones de dólares desde Estados Unidos, lo que en pesos mexicanos actuales representa un poco más de 200 mil millones de pesos en ese periodo.

Dentro de las expresiones del presidente López Obrador se observa que el creciente envío de remesas a México es aprovechado por el mandatario como uno más de los logros que atribuye a la cuarta transformación que promueve su gobierno.

En su columna periodística del día de ayer, Rafael Arias Hernández, el acreditado académico de la Universidad Veracruzana, ha cuestionado esa ilegítima presunción del gobierno federal, reconociendo el gran esfuerzo de los migrantes veracruzanos y sus familias que esperan esos apoyos, criticando también el investigador, el poco respaldo que las autoridades dan a ese sufrido segmento poblacional. En su leída participación -“es una política de los pobres, para los pobres”, afirma Arias- nos anuncia que por fortuna se mantiene ese incremento de remesas norteamericanas a México, toda vez que el país recibirá en este año casi 40 mil millones de dólares. 

Se sabe que existen en Estados Unidos cerca de 49 mil residentes de origen veracruzano y que en el año 2010 había más de 76 mil migrantes. También se ha informado que Veracruz ocupa el octavo lugar del país como receptor de remesas en dólares.

Como considera Arias Hernández, es justificado pensar que esos envíos de dinero que hacen los migrantes, son los que realmente han impulsado la economía veracruzana en estos años, evitando una mayor pobreza en las regiones.

Las boyantes cifras de remesas llegadas desde Estados Unidos, recuerda el notable caso de los pioneros de Landero y Coss, el pequeño municipio cercano a Xalapa que, con la incursión de sus ciudadanos inmigrantes al estado de Illinois, han fundado en la ciudad de Chicago, el barrio denominado Landero Chiquito, donde viven unos mil landerenses que trabajan en campos, fábricas y en la construcción, y que religiosamente envían sus dólares a las familias que dejaron en tierras veracruzanas desde 1985. En ese municipio, el diez por ciento de los hogares reciben cada mes remesas en dólares.

Los pioneros de Landero y Coss dejaron un pueblo ahora considerado fantasmal por muchos, ya que allí viven muchas mujeres solas, cuyos esposos o hijos viven en ese país del norte. Las señoras cuentan los dineros invertidos con los coyotes (hasta tres mil dólares por cruce de frontera), enseñan los automóviles y camionetas “chocolates” que les traen sus familiares y, nostálgicas, narran las mejoras a sus casas, antes de zacate y lámina. Refieren las anécdotas en la Posada Veracruz en Phoenix, junto a la comunicación moderna mediante las redes sociales, para que los suyos no se olviden de los que aquí quedaron. O cuentan la historia de Claudio Rosado, el migrante que regresó para luchar por ser alcalde. 

En 1986 el municipio de Landero y Coss tenía 2,416 habitantes; en 1990 quedaban 1,692 y en 2000 solamente 1,432. Casi 20 años después, apenas llega a 1,577 pobladores. Viviendas y calles vacías es el panorama visible de la migración por pobreza en ese lugar y en el corredor migratorio formado por localidades pobres de 15 municipios de la región, desde Actopan hasta Misantla y Naolinco.

El pueblo continúa dormido mientras las generaciones recientes siguen buscando el sueño americano. Y en el aspecto humano, el costo intangible e irremediable de la migración forzada por la necesidad: familias divididas y soledades femeninas es lo que hay en Landero y Coss.

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