El apellido Hernández Palacios proviene de un respetado personaje nacido en el municipio de Tequila el 30 de mayo de 1908. Aureliano Hernández Palacios fue un prestigiado abogado, poeta, escritor, Rector de la Universidad Veracruzana y Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Veracruz, quien alcanzó el grado de doctor en Derecho por su Alma Máter, y para fortuna de esta tierra, dejó un generoso legado en su actividad directiva, académica y literaria. Falleció en Xalapa el 7 de enero de 2002, enalteciendo siempre los valores del arte, la ciencia y la luz.
Algunos de sus descendientes han destacado en la función pública estatal y federal, como es el caso del licenciado Aureliano Hernández-Palacios Cardel, con estudios de economía y auditoría, que ayer tomó posesión como titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), cargo que ocupará durante ocho años hasta el 2034.
Para esta entidad federativa, su llegada a la ASF puede ser prometedora y esclarecedora, en el mejor de los casos, si con resultados creíbles a mediano plazo, el nuevo Auditor Superior de la Federación se empeña y logra borrar la imagen mediocre y nefasta para la fiscalización de recursos públicos, que en el cargo dejó su predecesor David Colmenares.
O podrá ser insignificante, si con el disimulo de Sheinbaum, el maestro Aureliano Hernández-Palacios Cardel decide adoptar la descolorida estafeta de la displicencia colmenarista.
Y esto se corroboraría muy pronto, tan sólo en unos cuantos meses, si no pasa nada positivo respecto al grueso expediente de Javier Duarte, o el fabuloso compendio de la simulación hecha arte, de Yunes Linares, y desde luego, el catálogo de ineficiencias, corruptelas y obras deficientes y elefantes blancos de Cuitláhuac García, risueño danzarín envuelto y esfumado en medio del CENEGAS claudista, por su sexenio (previo al de Nahle), donde destella con potentes faroles rojos el apellido Sisniega de un habilidoso exfuncionario del sector salud de Veracruz, con faltantes y responsabilidades legales por cerca de dos mil millones de pesos que volaron graciosamente, según informa la propia ASF.
El nuevo auditor tiene en sus manos material quemante y abundante de todos los colores, del tricolor priista, del azul panista y del guinda morenista en que se manejaron políticamente los tres exgobernadores veracruzanos. Una tercia de portentos de la ineficacia y la corrupción, que pusieron al gobierno de Veracruz remojándose en el lodo pestilente como maldición.
Y los veracruzanos estamos por observar, de nuevo, lo que podría denominarse el dilema del Golfo de México: si el nuevo auditor superior se coloca al nivel de su reconocido abuelo ex Rector de la UV y se convierte en poderoso prospecto a la gubernatura para 2030, o si algún Sísifo del inconsciente le arma un traicionero boicot que lo envíe de la olímpica cumbre a las sabanas de la llanura jarocha.
Aureliano Hernández-Palacios Cardel mostrará una cara de la moneda: o tiene la gloria en las manos o no trae nada. Si enseña lo último, tendría que leer a Albert Camus si quiere reinventarse o perdonarse.
Y los veracruzanos observarán, por enésima ocasión, este fatal fenómeno: el dilema del golfo, o quizá, mejor dicho, el vergonzoso síndrome del Golfo de México.







