En estos revueltos tiempos de transformación obradorista, la sociedad estatal percibe que lo poco que quedaba del gobierno de Veracruz, parece que se convirtió en un triste canal de las estrellas en versión tropical. Ante la ausencia de resultados contantes y sonantes, el mandatario jarocho utiliza los días para encaramarse en la pandemia, en sus problemáticas y en sus procesos de vacunación.
Al no tener suficientes obras y programas visibles en su deficiente administración, Cuitláhuac García tiene que aprovechar los dichos presidenciales, los sucesos nacionales y los diferentes temas locales para hacer ruido con ellos y publicitarse cansinamente en redes sociales y en plumas periodísticas ávidas de láctea cercanía.
La pobreza avanza como plaga bíblica, como avanza el desempleo, la inseguridad pública y la mortalidad de la pandemia de Covid-19. Y para todo eso tienen respuesta en su gabinete de cuarta.
Logros de Cuitláhuac que son irrisorios y sin trascendencia: el primero, sus fotos y anuncios en redes sociales de lo que hace y comanda Manuel Huerta y sus servidores de la nación en torno a la vacunación. El segundo logro, su famoso tequio con el machete para limpiar escuelas, que más bien debería llamarse “loquio” y donde caprichosamente maltrata a empleados que acuden a disgusto, con un costo altísimo por esa tarea: jornaleros de medio tiempo con lloradas ampollas y sueldos de funcionarios primerizos.
El tercer “logro”, publicitado incansablemente, son sus reuniones diarias o semanales para gastar viáticos sin compromiso alguno. O alguien puede afirmar honradamente que su COESCONPAZ ha traído paz a Veracruz, ha reducido desapariciones de personas en el territorio, ha disminuido asesinatos que se descubren a diario en ríos, lagunas y áreas despobladas, ha acabado con secuestros y atentados a negocios y a policías, como los sucesos de la semana pasada donde hubo quema de patrullas y ataques a la Fiscalía.
Y hablando de turismo cuitlahuano al estilo Xóchitl, alguien sabe cómo va la embarcación cuenqueña de la ruta del Papaloapan, cuya inversión mayor fueron los viáticos de la secretaría de gobierno que gastó Éric Cisneros en aquellos meses cuando no se había aburrido con esa mala miniatura del Mississippi.
Y qué se puede decir de los embates (o guerras floridas) contra los millonarios Yunes del estero de Boca del Río. Son embates exactamente iguales que los desgastados discursos de castigo a los duartistas corruptos. Al final del día, puro entretenimiento corriente, como el que caracteriza al canal televisivo de los Azcárraga y socios. El puerto y su zona conurbada es el secreto mejor guardado de los Yunes azules.
La realidad es que Veracruz es un segmento territorial del México de López Obrador, entregado con traición a las fuerzas oscuras que han dominado al país en los años recientes. Fuerzas que seguramente también influyen en torno a decisiones y acontecimientos que puedan relacionarse con el jefe Yunes Linares y sus intereses.
López Obrador tiene la palabra, desde luego, ni quien lo discuta, pero su palabra tiene la dinámica propiedad de la materia, se transforma permanentemente mientras transcurre el tiempo. Y cuántas palabras ha sembrado el mesías tabasqueño en las aguas tropicales que todo se llevan.
Entretenimiento puro y duro es el signo de estos tiempos. En México y en el Veracruz mexicano.

