La tradicional costumbre de relajarse, holgazanear, o tirarse en la hamaca en Veracruz, ha sido la causante de que muchas cosas no avancen en el estado. Esta podría ser la respuesta a la observación que muchos foráneos hacen, cuando al recorrer el fértil territorio se preguntan por qué ven tanta pobreza y rezago social, cuando también observan la enorme riqueza del estado: 700 kilómetros de litoral, siete cuencas hidrológicas, multitud de paisajes envidiables, varias zonas petroleras, tres importantes puertos, vastas áreas ganaderas y agropecuarias y muchas otras ventajas y fortalezas que no tienen otras entidades federativas.

Una posible explicación a este fenómeno interminable, que podría pervivir en el inconsciente colectivo de este pueblo, es lo que descubrió y describió Francisco Morosini, el gran poeta coatzacoalqueño, cuando en uno de sus versos más conocidos cantó: “Veracruz, en el nombre tú llevas la verdad y razón de tu ser”.

Quizá traicionándonos o “boicoteándonos” y culpando a todo, siempre estemos pensando en esa portentosa cruz que nos tocó cargar desde el nacimiento, como si fuese algún sacrificado destino manifiesto de todo aquello y de todos aquellos que conformamos lo que han denominado la veracruzanidad.

Por Veracruz ha entrado mucho de lo que comprende la historia nacional en el mestizaje, en la religión, en la política, en la economía, en la educación, en el arte y en la cultura. También en las enfermedades, en la corrupción sempiterna y en toda clase de artilugios tramposos y mejunjes raros.

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Pero especialmente en este siglo XXI, Veracruz no ve la salida al túnel en que se ha metido.  No es un tema de políticos ladrones, perniciosos o de partidos políticos desleales o tramposos. Tampoco de mercaderes y piratas que llegan a los puestos públicos a medrar. Es un problema de decisiones que toma la sociedad, individualmente y en su conjunto. Decisiones, respecto a esos gobernantes, que se tomaron y que fueron erradas.

Ahora alguien se queja de que en gobierno todo se quiere comprar o contratar de manera directa, sin licitaciones públicas. Un problema existente en toda la historia patria en todos los siglos. Corrupción pura y dura, con licitaciones y sin licitaciones, con asignaciones o sin ellas. La clave está en que, en el mundo de la polaca, a todos los involucrados o invitados, les gusta caminar por lo lisito, por lo plano y llano, sencillamente por donde no haya lomeríos, barreras, ríos o saltos. Apegados pragmáticamente a lo ha asegurado siempre la física o las matemáticas: “la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos”. Desde luego, la sentencia no aplica a la moral o a la honestidad, valores arcaicos y casi en desuso. 

Nos quejamos del mal gobierno y del partido zutano o perengano. De un presidente y de un gobernador mediocres. Pero debemos recordar que llegaron por democrático voto ciudadano. Porque los partidos, como entes, no votan. 

Y por la misma democracia del voto legítimo e individual, la sociedad organizada, sin necesidad de partidos fuertes, puede hacer realidad la transformación que las autoridades actuales dejarán pendiente en 2024. Un pequeño pero gran esfuerzo si los veracruzanos tomamos la decisión de dejar la ensoñación, bajarnos de la hamaca y poner los pies en el suelo.

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