Mala sensación ha dejado una fotografía que muestra a José Antonio Meade en una silla que se tambalea y parece caer hacia atrás, sin importarle a dos imperturbables damas sentadas a ambos lados del candidato presidencial. Y peor que eso, es la percepción que se tiene cuando algún generoso periodista desliza que el hecho no fue un accidente de campaña, sino que Pepe Mid provocó el incidente como genial estrategia para ganar adeptos.

Pero la de esta semana fue sólo una simple imagen fotográfica de la Tercera Cumbre Ciudadana que se celebró en la Ciudad de México. La realidad es que desde antes que empezara la campaña a la presidencia, Meade Kuribreña ya se tambaleaba y estaba hasta atrás en las preferencias y simpatías nacionales. Y tal vez en su propio ánimo interior.

Pero hay que reconocer que esa triste ubicación—el tercer lugar en las encuestas—no es la que él merece. Ese sitio terminal se lo endilgó el presidente Peña Nieto, quien está reprobado por la sociedad casi desde que asumió el cargo a finales de 2012.

Con Peña pudimos comprobar que un buen candidato, como lo fue, se transformó en un pésimo presidente, como insiste en demostrar. Su famosa casita blanca no lo hizo inmaculado, sino que más bien, pareciera que esa sola adquisición inmobiliaria junto a su gaviota, lo volvió invisible en términos de poderío, e imposible, como para haberse constituido en auténtico hombre de estado.

Ese fue sólo el comienzo de una serie de despropósitos y errores interminables, plasmados en libros, revistas, videos, caricaturas, memes y comentarios y chistes para provocar risa en las tertulias mexicanas. Y por qué sucedió así:

Ocurrió así, porque, si se trata de los indicadores de crecimiento y progreso, pocos son los que se atreverían a decir que en México estamos mejor que antes. Basta con recordar el poder adquisitivo de la moneda, o el bajo nivel de salarios, o los altos índices de desempleo, para reprobar a la administración peñista. Tan sólo el costo de los energéticos, brinda un interesante catálogo de inconformidades sociales, conocido por todos.

Si se analiza el crecimiento de la pobreza y el rezago social, no olvidemos que bajo su mandato, modificó a capricho los procesos de medición de pobreza, inconformando a los acreditados consejeros y funcionarios del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Ni aún así le han beneficiado las cifras y sus nuevas mediciones. En este asunto, Meade lleva culpabilidad desde su época en la SHCP, como bien han apuntado diversos especialistas.

El tema de la seguridad pública constituye un serio peligro, tan sólo con tocarlo en los medios de comunicación. Para desgracia nacional, una de las más grandes notas rojas del mundo se encuentra en México, con todo y que estamos en el grupo de las mayores economías del planeta. La guerra contra el narco ha dejado más muertos y desaparecidos que en sexenios anteriores. La muerte de los 43 normalistas de Guerrero incrementó el desasosiego y nos dejó en la sima de la impunidad y el terror ciudadano.

Y si de corrupción se trata, el escándalo Odebrecht nos ubicó como un país bananero y opaco, tipo Venezuela y otras dictaduras centroamericanas. Peña Nieto resultó ser el presidente de la corrupción mayor en la historia de México. El peor lastre de su paso por la primera magistratura, son los dos gobernadores Duarte y toda la cauda de mimados gobernantes estatales que durante su sexenio desaparecieron cientos de miles de millones de pesos, cuya recuperación nadie cree que suceda.

Pero eso no es todo, cada vez que el presidente se reúne con algún personaje internacional, da oportunidad de servir de botana a una población que ya espera sus acostumbrados equívocos. Nadie olvida aquella reunión con Donald Trump en México, que dio comentarios sumamente negativos.

Analistas políticos locales y extranjeros han insistido en que su gestión resultó deficitaria y que casi todo le falló a Peña.

Con estos antecedentes, era imposible que un candidato priista pudiera conservar el poder transexenal, así fuera Meade, Narro, Osorio, Beltrones o incluso el mejor mexicano que encontrara ese partido en el territorio. Cuando pasen los años, Pepe Mid tendrá el alto honor de haber sido el tercer candidato presidencial del PRI que no se sentó en la silla del águila.

Y Enrique Peña Nieto llevará un estigma: En el México de hoy, ya es el presidente derrotado. Cuando no tenga poder, será calificado como el peor presidente de la historia.

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