A como se ven las cosas en el panorama nacional, podría aventurarse en que los años siguientes estarán dominados por la corriente política de Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena. Es tanta la aversión social a todo lo que tenga que ver con los partidos políticos que hasta el año pasado fueron dominantes (PRI y PAN), que no se espera que de esas instituciones políticas surjan gobernantes importantes en las décadas siguientes.

Por lo anterior, no es descabellado pensar que el lopezobradorismo y el morenismo trascenderán más allá de los seis años en que AMLO será presidente de la república.

Y de ocurrir así, el impulso nacional de esa corriente permeará hacia las entidades federativas y los municipios. Tendremos en su mayor parte, a gobernadores, alcaldes y legisladores con ese color político.

Siguiendo ese criterio, es muy probable que Cuitláhuac García lograra dejar como sucesor en el cargo a alguien afín a sus motivaciones partidarias y políticas.

El análisis expuesto lleva a imaginar las posibilidades y resultados de gobierno, que una buena gestión de García Jiménez pudiera conseguir en beneficio de Veracruz. Y esa positiva gestión está relacionada con el manejo y operación de la insostenible deuda pública que sufre la administración estatal.

La deuda veracruzana se empezó a presentar con Miguel Alemán y con Fidel Herrera en lo que va de este siglo. Pero no debe dejarse de lado que esa deuda estuvo acompañada de obra pública relevante como instalaciones magnas, puentes o carreteras. Pero llegó Javier Duarte, y el endeudamiento creció a alturas no imaginadas, con el pretexto del abultado pago de la deuda anterior o de las obligadas aportaciones anuales al Instituto de Pensiones del Estado, que en ese tiempo fue prácticamente desfondado.

Y lo más lamentable es que durante la malograda gestión duartista, la población no vio suficientes obras de infraestructura que justificaran los presupuestos públicos y los altos empréstitos. Tampoco se explicaron en enero de 2016, cuando la Auditoría Superior de la Federación informó que ese régimen no había comprobado 35 mil millones de pesos de origen federal.

Y si pensamos en el periodo 2016-2018 (tres años), lo único que la sociedad estatal ha constatado, es que siguen acumulándose las cantidades por comprobar al gobierno federal y que siguen aumentando los montos de deuda con la banca nacional. A partir de la elección de julio pasado, la deuda estatal ha sido mencionada ya con importes que fluctúan entre 100 y 120 mil millones de pesos.

Y es aquí dónde empieza el problema para el nuevo gobernador y para los exigentes y desesperados jarochos. Debemos preguntarnos qué clase de gobierno es el que puede realizar Cuitláhuac con esos nefastos antecedentes financieros que le dejaron los gobernadores anteriores:

El primer escenario, seguramente el deseado por García Jiménez, sería el de realizar grandes obras en beneficio de los veracruzanos. Pero debido al pago de las obligaciones (con bancos y el IPE) esta opción nos dejaría la deuda bancaria en cifras terroríficas al concluir su gestión.

El segundo escenario sería el de atender sólo lo prioritario para avanzar en el pago de la deuda. Esto implicaría llevar en serio un ajuste en el gasto público a niveles de austeridad verdadera y en paralelo, hacer abonos más altos.

El tercer escenario, sería continuar con un gobierno como el de Duarte y Yunes, que no hicieron nada (sólo endeudarse) y que no realizaron obra importante.

Pero la diferencia en favor de Cuitláhuac, sería en el sentido de que los ingresos captados en su gestión y los ajustes presupuestales a la baja en todas las dependencias, serían canalizados estrictamente al pago de la deuda, para poder sanear las finanzas en lo posible, y entonces sí, pensar que el siguiente gobierno tendría recursos públicos saneados para construir obras de infraestructura para el desarrollo. El suyo tendría que ser un sexenio de sacrificio, por llamarlo de alguna manera, en relación con el gasto.

Una política así, sólo sería factible al generar un plan especial a doce años con una estricta disciplina financiera y un gobierno cercano a la gente, brindando las cuentas claras y mostrando los avances del desendeudamiento.

No se observa otro escenario mejor para Veracruz. A menos que el gobierno federal viniera al rescate. Lo cual suena increíble.

Publicidad