Los actuales son tiempos de palabrería, de realismo mágico y de paradojas. Muestras de ello hay muchas. De manera excesiva, el siglo XXI ha traído a nuestro país situaciones inéditas, sorprendentes y escandalosas. Por ejemplo, si se trata de lo más importante, que es la economía nacional, las autoridades responsables quieren hacer toda una fiesta por el crecimiento alcanzado del 2.3 por ciento este año, que realmente es bajo, si se revisan las cuentas nacionales.

Si se habla de los crímenes de la delincuencia organizada y de los casi ciento cincuenta mil muertos que van en los últimos diez años, no faltará el funcionario que trate de vendernos una serie de argumentos y razonamientos gráficos que minimicen el problema.

Si el tema es de orden empresarial y de productividad, lo que nos viene a la mente en automático, son las inversiones mexicanas o extranjeras, canceladas o idas a otros países, así como los reiterados casos de empresas fantasmas creadas y descubiertas en varias entidades federativas, por donde se fugaron millonarias sumas de recursos públicos.

Parece que vivimos una época donde la ficción se ha enseñoreado y donde nos acostumbramos a escuchar noticias, que cuando se asocian o se relacionan con otras, nos llevan a escenarios de incredulidad y desesperanza.

Hace algunos días se señalaba la abundancia de informaciones emitidas en el país, en el sentido de que transitamos o nos encontramos en un mundo feliz, conducido por el presidente Peña Nieto. Se hacía referencia a los millones de empleos generados, en porcentajes mayores que en otros sexenios, según el propio gobierno; se comentaban los grandes descubrimientos petrolíferos en Yucatán; se informaba el generoso aumento de las remesas desde Estados Unidos; se aplaudía el incremento en los ingresos fiscales conseguido por el Sistema de Administración Tributaria, como nunca antes, y también, sobre otras consideraciones económicas, altamente halagüeñas para los mexicanos.

Gracias a esas buenas nuevas, conseguimos vivir unas horas de confianza y esperanza en el progreso nacional.

En esas tranquilidades estábamos, cuando la semana pasada en Veracruz, se dan a conocer dos noticias. Una, la pérdida, en este año, de cerca de diez mil empleos formales en el estado. La otra, el despido de 150 trabajadores del Sistema Nacional de Empleo (SNE) en esta entidad. A la vez, se supo que serán despedidos en ese organismo federal, más de mil trescientos trabajadores de todo el país. Los funcionarios encargados, dijeron que serán despedidos, por la sencilla razón de que no hay presupuesto para pagarles.

Incongruencia pura y dura, ocurrida en el mismo mes.

Los trabajadores del SNE en Veracruz, pidieron el apoyo del gobernador Yunes Linares, haciendo ver que son ellos los que se encargan de promover el empleo en estos raquíticos tiempos de escasez, en donde, si algo ha fallado, es en lo que se refiere a la actividad productiva y la creación de trabajos bien remunerados, aspecto en el que Veracruz ocupa el lugar número 28 a nivel nacional.

Desde la óptica ciudadana, esto mueve a preocupación por esos nuevos despedidos y sus familias. Le piden apoyo a un gobernador que desde que tomo posesión en diciembre pasado, envió a sus funcionarios a despedir a miles de trabajadores de las oficinas públicas estatales, con pretextos de que había muchos aviadores y con argumentos de ahorro y racionalización del gasto. Algunos informes hablan de doce mil despedidos en estos meses.

Pero por otro lado, a esas oficinas llegaron cientos de funcionarios nuevos, con altos salarios, compensaciones, viáticos y vehículos recién comprados. Al final, el gasto sigue siendo el mismo, con distintas personas. Muchas de ellas, llegadas de otros estados de la república, especialmente de Puebla.

Para no quedarse con la boca cerrada, y consciente de la difícil circunstancia económica que atraviesan las familias veracruzanas, la secretaria de desarrollo social estatal Indira Rosales, nos viene a decir, otra vez, los altos porcentajes de pobreza que perviven en Veracruz. Eso sí, no dijo qué hace, como funcionaria a cargo del combate a la pobreza, para revertir o mitigar esa difícil situación de las familias. No puede decir nada, porque se limita a entregar despensas a población vulnerable, solamente.

Poco se informa del tema del empleo. El secretario de desarrollo económico sigue con el “síndrome del zopilote estreñido” -planea pero no obra-, mientras que la de trabajo prefiere hacerlo despacito, a baja velocidad y susurrando.

Por lo que se sabe y se observa, las cosas no cuadran en muchos temas, entre ellos el empleo y la generación de ingresos.

Pan con lo mismo.

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