En nuestro estado, además de la gubernatura, únicamente algunas secretarías de la administración pública y alcaldías importantes como las de Xalapa, Veracruz, y acaso Coatzacoalcos, resultan posiciones apetitosas para las aspiraciones políticas de los veracruzanos interesados en transitar por los más altos pasillos del poder público.

Sin embargo, tenemos que reconocer que han sido escasos los secretarios de despacho o alcaldes que han podido escalar a la senaduría o al Palacio de Gobierno de la calle de Enríquez en Xalapa.

Esta reflexión surge al observar el inusitado despliegue de publicidad que el alcalde de Xalapa ha estado mostrando desde que llegó a la oficina de la presidencia municipal hace un poco más de tres años.

Pero lo que sucede ahora en la capital no es raro. Es exactamente igual a como ha ocurrido en otras administraciones municipales. A Américo Zúñiga, el actual alcalde xalapeño, también le ha dado por promoverse para posiciones de mayor envergadura.

En realidad, se tiene que entender que esa aspiración es totalmente legítima. También debemos reconocer que el alcalde ha inaugurado un buen número de obras, gracias a recursos federales, estatales, municipales, de empresarios y de aportaciones ciudadanas.

Pero de ahí a decir que ha sido un extraordinario alcalde, hay un largo trecho. Sólo basta recordar a otros ediles que también han inaugurado cientos de obras, o encabezado festivales o entrega de subsidios. En Xalapa, Veracruz, Coatzacoalcos y algún otro municipio, resultan temas comunes por una sencilla razón. Tienen presupuestos altos y por ello cuentan con suficiente margen de maniobra. Lo único que se puede afirmar es que están cumpliendo con la función que les dio el pueblo.

Por poner en su exacta dimensión el tema de los dineros municipales, para nadie es un secreto que la mayoría de secretarios de despacho del gobierno estatal cuentan con menos presupuesto anual que los alcaldes de esos lugares.

Y para no ir tan lejos en la historia de “éxitos municipales” en Xalapa, ahí tenemos el caso de Elizabeth Morales, en su tiempo “una de las mejores ediles del país” y también, aspirante a cosas mayores, y a quien ahora nadie recuerda en el lamentable caso de la partida o multicuarteada repavimentación de la avenida Lázaro Cárdenas, inaugurada apenas en 2013, unos meses antes de la llegada de Américo.

Quien observe con detalle esa avenida, verá que su pomposo y publicitado pavimento de menos de cuatro años, se está partiendo en muchos tramos. Pero así como esa, hay otras obras que a poco de inaugurarse hay que ir a corregirlas, y a veces con costo adicional que nadie aclara. Ese es el caso de la reciente obra de apertura de calle y construcción del puente Unión, en la zona de la SEV y que comunica con el fraccionamiento Las Ánimas, inaugurado hace unos meses por Américo Zúñiga. El puente ya tuvo su primera reparación. Y como esa anomalía, quizá aparezcan problemas en otras obras de esta administración zuñiguista.

La sociedad se pregunta sí el ayuntamiento que encabeza Américo Zúñiga, viendo el deterioro de la obra, ya realizó algún tipo de reclamación o exigencia de que se hagan las reparaciones correspondientes como lo establece la ley de obras públicas. De esto, ninguna de las coberturas mediáticas que acostumbra Américo, han realizado mención alguna, y eso que es la avenida más extensa de la capital veracruzana.

En sendos editoriales publicados en Palabras Claras se dijo que “Américo, ávido por alcanzar una posición más importante, se ha convertido en rey de los festivalitos xalapeños; es presidente de la FENAMM y ahora, se llevó a más de 60 alcaldes a la Ciudad de México, a un paseo en la avenida Reforma, para hacer exigencias de los recursos federales que les corresponden … Con estos trabajos de alta política, busca ser candidato del PRI a la senaduría o a la gubernatura…”. Hoy, se comprueba que este último evento en la Ciudad de México sólo tuvo efectos de circo.

Solo el paso de los años y el recuerdo de los xalapeños serán quienes determinen si Américo cumplió o no el encargo que le dieron cuando lo eligieron como alcalde. Lo demás es un exceso de exposición mediática, posibilitado por un generoso presupuesto y porque no hay una figura de altura que lo aconseje; al final, un gasto publicitario aprobado en el mareo de las alturas y de los sueños senatoriales, que bien podría canalizarse hacia fines más plausibles.

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