Un porcentaje cada vez mayor de mexicanos coincide en que los tiempos de la nación se están complicando más allá de lo que en palacio nacional se quiere reconocer. Y a esta situación con escenarios caóticos abonan las calculadas estrategias y decisiones que influyen en México y que día tras día aplican Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos.
La presidenta Sheinbaum insiste en ocultar la relación que los grupos delincuenciales tienen con importantes actores de la política mexicana, a quienes en el país del norte sus autoridades acusan de estar coludidos con diversos grupos del narcotráfico. A este paso puede resultar con alguna culpabilidad.
Lo más grave de todo es que destacados líderes estadounidenses señalan de corrupción al propio expresidente López Obrador y a sus hijos mayores. Y el gobernador de Sinaloa con licencia temporal, lleva semanas en el ojo del huracán, mientras que la presidencia, la dirigencia del partido Morena y los más populares personajes de la política y del obradorismo, persisten en la idea de mantenerse en el poder a costa de todo y de continuar manejándose con la línea trazada desde el rancho “La Chingada”, actual domicilio oficial de AMLO y pretendido lugar de orientación y peregrinación de funcionarios irresponsables y agoreros guindas.
Otro aspecto cuestionado hasta el cansancio es el incremento de la deuda externa en varios billones de pesos y el sostenimiento del elevado ritmo de gasto del gobierno federal, que en pocos años puede tornarse en una catástrofe económico y financiera, dado que los porcentajes de crecimiento del PIB son extremadamente pobres. La deficiente recaudación de impuestos, la poca creación de puestos de trabajo, el alarmante índice de inflación y la escasa productividad general, junto a pésimos indicadores macroeconómicos han reducido la calificación crediticia del país hasta el escalón más bajo. Entre más negativa es la calificación, más caro resulta el pago de la deuda.
Un asunto más que incide en el bajo ánimo de la sociedad es el de la violencia y la inseguridad en casi todo el territorio, lo que se refleja en el alto número de desaparecidos, en el pago de piso, en el inusual y sospechoso incendio de propiedades, negocios y pequeñas empresas, en el secuestro inacabable y en otros delitos al alza, situación que el esfuerzo del secretario Harfuch no ha podido superar.
En el tema del gobernador Rubén Rocha y de sus colaborares, identificados como “Los diez de Sinaloa” que la justicia estadounidense reclama para llevarlos a juicio, el gobierno de Sheinbaum ha optado por ocultar, minimizar y callar, aumentando los distractores de todas las formas posibles y con desesperada periodicidad.
Llamó la atención hace pocos días la asociación que Estados Unidos ha firmado con Guatemala para hacer operaciones militares conjuntas en la frontera centroamericana para contener las actividades del narcotráfico. Y cabe recordar la cercanía de la frontera sur mexicana con el rancho La Chingada en el municipio de Palenque, donde ahora vive Andrés Manuel. Quiérase o no, este hecho debe estar afectando la tranquilidad y actitud zorruna del exmandatario (quizá, recordando el vergonzoso caso de Nicolás Maduro), y no sería remoto que el “exitosísimo escritor de la autocomplacencia” esté preparando otro sitio más cerca de algún machuchón del narco, para evitarse el ojo público, cada vez más escéptico de su honorabilidad con olor a cobre.
Todas estas circunstancias deberían provocar en la presidenta de México una actitud más mesurada y congruente con la agobiante realidad, porque ella representa al país, no a su mentor político, cada vez más disminuido en la credibilidad ciudadana.
Si continúa igual y con la soberbia que le caracteriza, ella puede resultar chamuscada en el corto plazo, porque ante la opinión pública ya está desacreditada, con todo y las encuestas que paga puntualmente para hacer creer que tiene una aprobación positiva y consistente.
Y tienen razón los que claman que “Mexico no es piñata de nadie”. No lo es, ni de Trump, ni de los chinos o árabes o del mesías macuspano. Tampoco de la incompetencia y cortedad de miras de Sheinbaum.
No sea que en 2030, estos tiempos pretendidamente “bajo control claudista”, lleguen a ser recordados como los de la negra época de La Chingada y de La Chamuscada y sus gustadas pascualinas de las mañaneras.







