Después de dos meses y medio encerrado en palacio nacional debido a la cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus, el presidente de la república reinicia sus acostumbradas giras de trabajo a las entidades federativas. Esta semana le toca al sureste de la república, donde Andrés Manuel López Obrador dará los banderazos de inicio del Tren Maya y de otras de sus obras prioritarias en cuatro estados.

Para AMLO -como adelantado hombre político- era necesario salir a airearse, a recorrer kilómetros por carretera y a retomar el contacto con su pueblo sabio, más allá de las conferencias mañaneras que poco dicen a la población que no es adicta a sus frases, a sus actitudes y a sus “otros datos”.

Para la buena marcha del gobierno -como tema pendiente- era indispensable y urgente sacar a López Obrador de su bucólica y soñadora vida en la sede del poder político. Para nadie es un secreto -incluyendo a sus funcionarios, a los empresarios, a los grupos políticos y a los periodistas- que las cosas en palacio van despacio, sea en los terrenos de la economía, de la seguridad pública, de la salud y hasta de la propia política morenista, que ve acercarse con riesgos la elección intermedia del 6 de junio del año siguiente.

Para la gente que está en cuarentena, que ve ansiosa los 31 semáforos rojos alertándolos día y noche, y para el pueblo más pobre que sin poder quedarse en cuarentena, tiene que salir a trabajar y que trata de cuidarse con cubrebocas y otras medidas para evitar el contagio de la Covid-19, basta con una sola medida, de decisión personal: que, como protección de ellos mismos y de la salud del señor presidente, se abstengan de acudir a posibles aglomeraciones en torno al mandatario. 

Es preferible que el ejecutivo federal cumpla, con la menor cantidad de personas a su alrededor, con su obligación legal como gobernante y verifique el inicio de esas magnas obras, que sea como sea, ayudarán a reactivar la economía y a detonar todas las actividades productivas de la región sureste.

En lo referente a la gira en Veracruz, se sabe que López Obrador estará el fin de semana en tres municipios sureños (Coatzacoalcos, Minatitlán y Sayula de Alemán). Ojalá y que el delegado del bienestar Manuel Huerta Ladrón de Guevara se asegure de que los veracruzanos que apoyan al presidente, no acudan en masa a esos eventos que pretenden afianzar los proyectos prioritarios de la cuarta transformación. Más vale prevenir que lamentar contagios y fallecimientos por esa enfermedad.

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Previo a la gira presidencial, es pertinente observar el surgimiento de una incipiente base social inconforme con AMLO, inspirada por el grupo denominado Frente Nacional AntiAMLO (FRENAAA), que el sábado decidió salir a las calles en ciudades veracruzanas como Veracruz, Xalapa y Orizaba. Similares manifestaciones se dieron en Acapulco, Aguascalientes, Cancún, Ciudad Juárez, Ciudad de México, Chihuahua, Culiacán, Guadalajara, León, Mérida, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Tampico, Tijuana, Toluca, y Zacatecas, entre otras.

Así comenzó el tabasqueño cuando salió de Villahermosa buscando el respaldo social que lo llevaría años después al gobierno del Distrito Federal y ahora al palacio nacional.

Esa es la radiografía del México de la Cuarta Transformación, en la que se puede confirmar que: “la democracia no es pertenencia de los demócratas. Es de la gente común.”

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