Algunas voces enteradas, aseguran que Javier Duarte de Ochoa, entonces secretario de finanzas de Fidel Herrera Beltrán, se ganó la gubernatura de Veracruz, en el preciso instante en que a través de la vía telefónica, su ex jefe le autorizó iniciar el proyecto de bursatilización que preparaba con sus colaboradores desde principios de 2007.

Pudiera decirse que el innovador y ventajoso esquema planteado por Duarte, junto a la estrategia constante aplicada en torno a la señora Rosa Borunda por su esposa Karime en el DIF estatal, finalmente llevaron a las familias Duarte y Macías a disfrutar y detentar la plenitud del poder, instaurada sin restricciones en el palacio de gobierno de Xalapa por el político cuenqueño.

Quizá fue en esa época cuando se dio el punto de inflexión que dibujó la caída estrepitosa que años después experimentarían las finanzas públicas locales, el gobierno del estado, el priismo veracruzano y la deshonesta generación de políticos afines a la pareja Duarte-Macías, hoy en desgracia política, no económica.

Ninguno de los involucrados en aquellas decisiones de noviembre de 2007 –hace casi diez años–, pudo prever que esa arquitectura financiera que disponía de bienes e ingresos futuros, se convertiría en la debilidad más grande de la economía de Veracruz, junto a los reiterados e injustificados empréstitos contratados con la banca durante ese sexenio y el siguiente.

Pero el tema financiero no fue lo único que descarriló el tren del gobierno estatal. De la misma magnitud en las pérdidas, fue el escandaloso robo al erario, perpetrado desde las propias instituciones estatales, encabezadas por un grupo de hampones de cuello blanco que Javier Duarte nombró en cada una de ellas, de la mano de infieles pseudoempresarios coludidos y perfectamente bien compenetrados, al estilo Ramazzotti.

Además del desastre administrativo y contable, causado por la política del río revuelto, las empresas fantasma, las obras inexistentes y las licuadoras de recursos públicos, apellidos como Aguirre, Audirac, Abdalá, Domínguez, Silva, Bermúdez, Lagos, Deantes, del Castillo, Benítez, Ferrari, Montiel, Nemi, Carvallo y decenas más, están siendo vinculados y expuestos a la opinión pública, como los exfuncionarios duartistas que participaron en esa borrachera de poder y se beneficiaron con sus ganancias y saqueos.

Ante ello, qué pensarán de este desbarajuste, los escasos ex funcionarios, que fieles a sus convicciones, no cayeron en el influjo del canto de las sirenas duartistas, de las maletas y cajas de huevo repletas de billetes mal habidos.

Por ejemplo, qué pensarán de su suerte propia, y del estado de mala esperanza en que se encuentra Veracruz, dos personas ligadas por un parentesco, que tuvieron mucho que ver y mucho qué sufrir. Nos referimos a alguien que estuvo en ese proceso de bursatilización, y a uno más que trató de cerrar bien la puerta como gobernador sustituto. Uno, con estudios de actuaría y economía en prestigiosas universidades, y el otro, un afamado notario y doctor en derecho por la UNAM. Nos referimos a Carlos Reyes Sánchez y a Flavino Ríos Alvarado. Habrían participado con ese entusiasmo, si hubiesen pensado en cómo terminarían las cosas. Es una pregunta interesante.

Los actuales, son tiempos de revelaciones y de decepciones. Ahora, se dice que mucho de lo extraído indebidamente, fue para entregarlo diligentemente a campañas políticas. Pero eso nadie lo aclarará jamás. Así es como perviven los sistemas políticos en el planeta.

Nos conformaremos con que varios de los ex funcionarios señalados desde siempre por la sociedad, estén siendo exhibidos y pasados por las armas de la maledicencia y por los coercitivos e inevitables mejunjes vomitivos que suele aplicar el régimen vigente. El dinero veracruzano nunca lo veremos en las arcas públicas, lamentablemente.

En ese camino andan los políticos, líderes, empresarios o inservibles servidores públicos, que se han visto en tratos y en malos ratos con la Justicia. Personas que se obnubilaron con la plenitud del poder, que se excedieron en la borrachera hedonista, que terminaron embarrados en medio del excremento y que se encuentran desfallecientes a causa de tremendo vómito negro.

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