Con la satisfacción de haber cumplido a cabalidad con su último encargo, según dijo a los medios, ayer por la tarde en Pánuco se registró el candidato a presidente municipal por el Partido Acción Nacional.

Como lo había deslizado desde hace varios meses, Ricardo García Guzmán finalmente fue convencido por las bases panistas de ese lugar para contender por la alcaldía del municipio más norteño de Veracruz.

Y es cierto, la sociedad veracruzana sabe que el ex contralor García Guzmán cumplió íntegramente con lo que le encargó su último jefe, el ex gobernador Javier Duarte: constituirse en la mayor tapadera de la administración del gobierno estatal más corrupta, que ha existido en la historia de Veracruz y de México.

Pero el registro de García Guzmán puede tener varios significados:

En principio, el que dicen por allá, que Ricky tuvo un momento de rubor y no quiso pasar la alcaldía de un hijo a otro, o a su señora esposa. Que está consciente de que se puede ser marrano, pero no cochino. Que él como intermedio puede pivotear de un pariente a otro, para ser más convincente de que sigue incólume su ética pública. Pero bueno, también hay otras interpretaciones,

La primera, que quien admite ese registro, que no es otro más que el gobernador, tiene información de que el ex contralor general del estado, aunque se haya ido a su fortín familiar, no tendrá los votos a su favor. Allí, el preferido anda por otro partido.

Pero además se manejan otras posibilidades. Pudiera ser que Ricardo García es la mayor muestra de que Yunes Linares está impulsando el fortalecimiento de los cacicazgos para que a través de ellos, y ya con recursos municipales frescos, se impulse sin trabas económicas la candidatura de su hijo Miguel a gobernador.

Otra más, quizá la más seria, la confirmación de que no existe ninguna intención de componer las cosas en Veracruz. Porque si se trata de casos similares, tenemos que empezar por la casa imperial de Boca del Río, donde los dos vástagos buscan los dos premios principales del estado, acordes a su alta estirpe.

Aunque, en el caso de los cacicazgos, ahí están también los Guzmán de Tantoyuca, los de Puente Nacional, Perote, o como en Catemaco, la persistente intención del alcalde para seguir gobernando, incluso con la esposa.

Lamentablemente, estas maneras que se observan en el escenario indican que no hay ninguna posibilidad de cambio en Veracruz. Si el ex contralor, quien debiera estar dando cuentas de lo ocurrido en el sexenio de su jefe Duarte, está buscando cómo mantener el poder que no suelta en Pánuco desde hace varios años, entonces debemos entender que estamos en un momento de corrupción y lo único que está pasando es que nos dirigimos a otro momento de corrupción similar o mayor.

Esto recuerda la conocida anécdota de la cantina, cuando al alzar su copa, un borracho le dice a su compañero de parranda: ¡Compadre…salud…hic, te lo prometo, la última, y nos vamos!

Publicidad