Tarde o temprano, el estado de Veracruz tendrá que resolver sus graves problemas de corrupción gubernamental e inseguridad pública. No son retos sencillos; tampoco imposibles de resolver. En este estado, más que en otras entidades federativas, las dos últimas elecciones a gobernador, demostraron el poder de decisión que tienen los ciudadanos para encumbrar o enterrar proyectos políticos, sin importar la envergadura que pudieran haber tenido.

La realidad es que Veracruz, como parte de la región sur-sureste del país, se verá beneficiada en el gobierno sexenal que viene. Andrés Manuel López Obrador lo ha dejado sentir en las páginas de su Proyecto de Nación 2018-2024, en muchas de sus declaraciones como presidente electo y en varias de las decisiones previas a su asunción como primer mandatario.

Como ya han señalado importantes medios de comunicación, lo que AMLO pretende es equilibrar el desarrollo nacional, elevando las condiciones de inversión pública y privada en los estados más pobres del país. Su idea de descentralizar algunas de las dependencias federales—que no se sabe si podrá lograrse—, tiene que ver con la reactivación económica de amplias zonas que hasta ahora no han recibido los dones del progreso, crecimiento del empleo o del desarrollo humano, casi todas ellas en la región sur-sureste de México.

Pero otros anuncios relevantes, son la llegada al sur- sureste de importantes dependencias y organismos con sede actual en la Ciudad de México. PEMEX iría a Ciudad del Carmen; CFE a Tuxtla Gutiérrez; Secretaría de Energía a Villahermosa; SEMARNAT a Mérida; SECTUR a Chetumal; SEDESOL a Oaxaca; SALUD a Chilpancingo y SEP a Puebla. En lo referente a la riqueza hídrica del país, cuya mayor parte se encuentra en esta región, se ha propuesto el primer paso estratégico. Traer a la ciudad de Veracruz, las oficinas centrales de la CONAGUA. Estas reubicaciones de la administración pública, abrirían altas posibilidades de empleo y desarrollo de servicios de distinta índole.

Uno de los proyectos más relevantes, que beneficiaría a la península de Yucatán y al estado de Chiapas, es la construcción del tren turístico Cancún-Palenque, en una vía de 900 kilómetros entre ambas poblaciones. Este proyecto con participación de la iniciativa privada y grupos ejidales de Quintana Roo y Chiapas, detonará el turismo y a diversos sectores productivos.

Otro proyecto, a desarrollarse en los estados de Veracruz y Oaxaca es el ambicioso plan de desarrollo del Istmo de Tehuantepec, que incluye la ampliación y modernización de la red carretera y ferroviaria, la construcción de puertos y grandes parques industriales y la promoción internacional para que sea una alternativa de paso de mercaderías más económica a la que ofrece el Canal de Panamá.

El anuncio de modernización de las refinarías nacionales, que permitirá reducir costos de gasolinas y dejar de importarlas desde Estados Unidos y otros países, es uno de los proyectos que también mejorará las condiciones económicas de varias ciudades de estas dos entidades.

Y un aspecto poco mencionado hasta ahora, es el planteamiento de instalar en Xalapa el Instituto del Café Mexicano, para desde esta ciudad capital, relanzar el programa cafetalero nacional, cuyas tierras de producción se ubican en estados del centro y sur. Como antaño, la tradición del café veracruzano y chiapaneco volverá por sus fueros.

Ojalá y los proyectos del sur-sureste delineados por el equipo de López Obrador, logren recibir la mayor atención burocrática y no encuentren trabas legales o presupuestales.

La esperanza de los veracruzanos y de toda la población del sur de México, tiene que ver con el éxito de propuestas como estas.

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