Desde la señalada algarabía por el arrollador triunfo electoral del partido Morena en Veracruz, el entusiasmo observado en esos días no ha vuelto a repetirse. El presidente López Obrador y su cuarta transformación no han logrado terminar de convencer a muchos sectores de decisión y poder en el estado.

Es una situación difícil dada la complicada circunstancia política originada por las decepciones de la sociedad en los gobiernos de Javier Duarte de Ochoa y Miguel Ángel Yunes Linares. Complicación que acrecientan los elevados índices de inseguridad en amplias zonas del territorio y el aumento del desempleo en prácticamente todos los municipios.

Y poco ha ayudado a elevar la confianza y la moral veracruzana, el errático desempeño de la nueva administración que encabeza el gobernador Cuitláhuac García Jiménez, quien parece tener como colaboradores a un mediocre equipo del llano, donde dos o tres son los únicos que aportan y funcionan y los demás solo sirven para restar.

Y en estos tiempos en que los déficits son lo que más se notan en el panorama, se comprueba que el malhumor ciudadano puede echar a perder los sueños de las cúpulas que llegaron a gobernar. Y a ras del suelo, los que quedan peor parados son los alcaldes morenistas que, aunque fueron los primeros que alcanzaron el poder, también fueron los primeros en mostrar sus tremendos desaciertos.

El primer morenista que empezó a sumar pifias y rechazos fue Víctor Carranza Rosaldo, el orgulloso alcalde de Coatzacoalcos que asimiló los estilos de su antecesor y también sus inacciones y corruptelas. Si se hiciera un ranking de alcaldes reprobados del país, el de ese municipio estaría en el top tende la ineficacia y el desorden. 

Otro que ha llevado su estulticia a tope es el de Poza Rica, un municipio donde el alcalde Francisco Javier Velázquez Vallejo hace y deshace a satisfacción, sin que nada lo detenga. Se fue a España -con su parentela, dice la nota- hace pocos días a promover a su “moderna” ciudad como turística, promoción que el hombre no ha hecho nunca ni en su estado, ni en su propio país, donde todos saben que su terruño tiene de todo, pero carece de adecuada infraestructura hotelera e industrial, de lugares atractivos y de posibilidades para explotación turística. 

Pero el que se lleva el sitial de honor es Hipólito Rodríguez Herrero, un académico e investigador a quien durante una noche de luna que olía a jazmín, fueron a regalarle la alcaldía de Xalapa. El pasmado presidente municipal lleva más de un año abusando de las lamentaciones, pretextos y justificaciones para no dar los resultados que exige la población. 

Después de regresar a la federación recursos no ejercidos con sesuda incompetencia, lo último que supo la gente sobre él, es su desmedida ambición y cinismo. Esta semana, el regidor Osbaldo Martínez lo acusó de cobrar en el ayuntamiento y además en su plaza laboral de la Universidad Veracruzana, lo que es inmoral.  

Esta tercia de malas autoridades municipales veracruzanas, son los tres patitos feos de la nación morenista. Quizá un día no lejano y con el fin de acallar o distraer inconformidades, alguien decida -que puede ser, “ya sabes quién”- subirlos a la piedra de los sacrificios y mandar el aviso de que no se tolerarán más insuficiencias y errores. 

México y Veracruz lo aplaudirían.

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