Como en el tiempo de los emperadores romanos, el secretario de relaciones exteriores Marcelo Ebrard tendrá que bajar a la arena del coliseo como el mejor gladiador del momento, si es que quiere conservar el prestigio y la integridad política para continuar en su lucha por la presidencia de la república en 2024.

Ebrard Casaubón lo supo desde la noche del lunes pasado cuando se cayó un puente de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, causando la lamentable muerte de más de veinte personas y cerca de 80 heridos, varios de ellos en situación grave. 

Lo entendió la oposición, como también lo supo el presidente López Obrador y los generales de la 4T que encontraron una manera fácil y oportuna para tratar de deshacerse de un aspirante difícil y competitivo en todos los sentidos. A la media noche ya estaban circulando comentarios negativos y hasta memes en las redes sociales con el fin de desacreditar al canciller mexicano que hasta ese día por la mañana había tenido un paso limpio y hasta glorioso en los caminos y vericuetos trazados por el mandatario nacional.

Los argumentos y datos usados por sus adversarios o críticos desde minutos después de la tragedia son los siguientes: la línea 12 del Metro fue la magna obra del exjefe de gobierno del entonces Distrito Federal; el costo original tuvo un incremento del 60% y llegó a los 24 mil millones de pesos: la obra tuvo más de once mil fallas y el servicio paró seis meses para corregirlas. Y terminan de esta convincente manera: Hoy está en campaña por Morena, ¿esa gente quieres que nos gobierne?

Los que han seguido la trayectoria de Marcelo saben perfectamente que tuvo que irse del país a Francia y Estados Unidos (Los Ángeles) debido al seguimiento o persecución de Peña Nieto por esa obra realizada en la gestión del que ahora pretende la silla principal del palacio nacional. Las inconsistencias e irregularidades están vivas desde el punto de vista técnico y en la Auditoría Superior de la Federación, institución que menciona montos millonarios no sustentados y otras fallas. 

Claudia Sheinbaum acaba de decir que será una consultora internacional la que se encargará de dictaminar lo que sucedió para que se cayera ese tramo de puente y matara a tantas personas. Y Ebrard tendrá que tomar más en serio el asunto si no quiere perder el camino recorrido y que el jefe de la república no lo utilice como eficaz distractor y ejemplo de que en MORENA si existe la verdadera democracia interna, en beneficio de su amada y protegida discípula, que también es la más obsecuente y cercana a la familia. 

Por lo pronto el gladiador Marcelo pasará los meses de mayo y junio defendiéndose de las amenazantes fieras que se lo quieren comer y observando si los otros contendientes morenistas y de otros colores no destruyen sus logros y alianzas políticas. Lo más crítico es que contra el virus que lo volvió a atacar no hay vacuna que valga. Sabe que tendrá que generar potentes anticuerpos contando únicamente con su propia fortaleza, herencia genética y espíritu.  

Tendrá que convertir debilidad en fortaleza en una emocionada arena que está de bote en bote. Sabe que muchos lo aclaman mientras que otros tantos quieren que caiga.

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