Parece que conforme se acerca el final de la gestión de Américo Zúñiga, los añejos afanes de trascendencia histórica que carga en sus genes, le están llevando a cometer serios y notorios desaciertos. La sociedad xalapeña todavía no termina de entender la innecesaria y costosa restauración de la céntrica avenida Enríquez, que mucha gente critica, cuando el alcalde ya volvió a meterse en problemas.

En la elección del cuatro de junio pasado, mucho hubiera gustado a los priistas del municipio, haber podido capitalizar en las urnas el trabajo que tanto presume Américo, y que muchas veces se anuncia como si fuera financiado con sus propios recursos.

Por desgracia para los militantes de ese partido, eso era totalmente imposible. A pesar de ser el alcalde que más ha gastado en imagen y publicidad, no pudo ganar para su partido una sola de las cuatro elecciones realizadas en estos cuatro años (diputado federal en 2015, gobernador y diputado local en 2016, y alcalde este año). En la contienda de junio pasado, que fue la que menos le interesó, quedó en tercer lugar con raquíticos 19 mil votos.

Personajes importantes de la sociedad capitalina, acusan que para ese entonces, el diligente y pomposo munícipe, atento a los tiempos políticos que estaban por llegarle a los aparejos, se había apalabrado con la gente de Morena y su candidato, quien al final ganó los comicios sin gran esfuerzo.

Tal vez por esa razón, algunos infieles colaboradores andan presumiendo que ellos no tendrán problema de fiscalización alguno en la entrega del ayuntamiento a Hipólito Rodríguez, el alcalde electo.

Esa traición a sus correligionarios, es un asunto que todos conocen en Xalapa, pero que ha sido minimizado por los más importantes actores políticos del partido tricolor, seguramente en recuerdo de la memoria del difunto profesor Zúñiga. Y desde luego, ocultado por los escribientes del edil.

Por eso llamó la atención la semana pasada en las redes sociales y en muchos medios, la publicación de la visita de supervisión a una obra monumental, un complejo cultural y deportivo, “con valor de 120 millones de pesos”, que “el ayuntamiento está realizando” en la zona de la reserva territorial, colindante con el fraccionamiento Las Fuentes aquí en Xalapa. Habló también de un gran auditorio, una serie de dormitorios para estudiantes y una alberca olímpica, principalmente.

Lo que ahora presume a los cuatro vientos Américo, es una obra que desde el año 2005, viene construyendo el propio gobierno del estado, primero a través de la secretaría de desarrollo social (antes desarrollo regional), y de infraestructura y obras públicas, después, gracias a la eficiente gestión de la organización Antorcha Campesina y de su dirigente Samuel Aguirre, y que en su inicio fue bautizada como Albergue y auditorio Salvador Díaz Mirón, que ya incluía otras instalaciones en apoyo a la formación de los jóvenes. Una farsa más de sus publicistas.

Estas obras, con costos superiores a los cien millones de pesos, situadas en la reserva territorial de Nueva Xalapa, fueron iniciadas durante el sexenio de Miguel Alemán, en terrenos dotados por ese gobierno, regularizados en la gestión de Fidel Herrera, y que continuaron recibiendo recursos en la administración de Javier Duarte. Cabe hacer notar que para su construcción, en sus inicios contó también con recursos económicos donados por Petróleos Mexicanos, que gestionó el gobernador en turno.

Quizá Américo, esté presumiendo los recursos que los diputados de Antorcha consiguieron en la federación para su centro deportivo Díaz Mirón que alcanzará una inversión de 190 millones de pesos, en terrenos adjuntos al auditorio.

Es bueno que el farsante edil ayude a construir y lo dé a conocer. Pero de eso, a colgarse una medalla, hay mucho trecho. Además de todo ello, es un hecho que la edificación del centro deportivo no se terminará de aquí a diciembre.

En las fotografías que hicieron circular profusamente los americanistas, se observa a una comitiva encabezada por Américo, donde lo sigue el propio Samuel Aguirre y otras personas.

Dado que el Estado aportó los terrenos, gestionó y dio recursos para el albergue y el auditorio y todo el complejo, hubiera sido una cuestión de caballerosidad y corrección política con el gobernador Miguel Ángel Yunes, que los organizadores de la visita lo hubieren invitado al recorrido.

Pero no fue así. Por lo que se ve, a nuestro alcalde se le olvida que la gente tiene memoria y que existen muchas pruebas de la antigüedad de esos proyectos y de la participación del Gobierno del Estado en su gestión de recursos y proceso constructivo.

Porque si esa obra fuera parte del programa cuatrianual de Américo, como lo hizo sentir ahora con tal fuerza publicitaria, pasadas ya las elecciones bajo su cargo, es probable que los resultados electorales hubieran sido mejores ese vergonzoso cuatro de junio para el PRI.

Será que por acciones como estas, que huelen mal y que suenan a componendas y manipulación corriente, a los xalapeños no termina de convencerles la impertinente y superficial insistencia en quedar bien, en que suele incurrir la ambición de Américo, el viejo joven que no sabe ganar elecciones y que ahora quiere ser senador.

Ese es Américo, un chaval respaldado por una corriente, corriente.

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