El siglo XXI ha recordado al mundo el concepto de la caquistocracia, un término poco conocido y acuñado en el siglo XVI, que proviene de las palabras griegas kákistos, que significa “el peor” y krátos que significa “poder” o “gobierno”. Con ese origen etimológico, la caquistocracia es una palabra que se traduce como “gobierno de los peores”, utilizada en la política y en asuntos como el gobierno, la democracia y las elecciones, cuando en los mandos superiores proliferan los ineptos, incompetentes, ignorantes, irresponsables, corruptos y cínicos.

Y para desgracia de la población, el estado de Veracruz no pudo sustraerse de ese concepto, desde el lamentable sexenio de Javier Duarte y de los gobiernos posteriores, pasando por Miguel Ángel Yunes, Cuitláhuac García y el actual de Rocío Nahle, que aún puede corregir el rumbo y la percepción ciudadana en los cuatro años que le restan a su gestión. 

La caquistocracia ha acompañado en este siglo a gobernantes veracruzanos de los principales partidos del abanico político, y por lo que se observa no ha respetado edad, género ni grado de estudios. Todo comenzó o se hizo insoslayable en diciembre de 2010, con la asunción del priista Duarte y continúo en 2016 con el panista Yunes, para asentarse sin medida ni rubor alguno en los erráticos gobiernos morenistas de la cuatroté. 

Javier Duarte simuló eficiencia doctoral “aprendida” en España e hizo y deshizo a placer en su fallida y desastrosa gestión, con el calificado e internacional “gobierno de la abundancia”, frase que le acuñó su esposa Karime Macías, ahora divorciada y elitista embajadora londinense. 

El sexenio de Duarte fue de escasas obras y exceso de rollo social con su programa Adelante, que se hundió en el segundo año de gestión, porque al tercero sólo daba para giras interminables, láminas de zink y zapatos corrientes que adquiría sin control el comerciante Vicente Benítez, uno de sus mozos de estocada al pueblo. El presupuesto se acabó en el tercer año de ese gobierno y en 2016 Javier Duarte recibió sentencia por su corrupción y numerosas anomalías, castigo que aún cumple en el Reclusorio.

Le siguió Miguel Ángel Yunes Linares, de poca obra también, un bravucón de la palabra, engañabobos, con moral de libreto y simulación plena, ahora neomorenista redomado y de metálicas decisiones, que al estilo Santa Anna, traicionó al país entero (a través de su hijo Miguel), cuando por su mano tibia en el Congreso de la Unión, acabó por enterrar con su vergonzoso voto todavía panista, al poder judicial de la federación y a varias décadas de autonomía en la administración de justicia.

Después llegó Cuitláhuac García a cubrirse de honestidad a raudales por las medallas reiteradas de AMLO, en sus giras presidenciales por la entidad.  De su vergonzoso paso por el palacio de gobierno, aún están pendientes muchos millones de pesos, cuestionados por la Auditoría Superior de la Federación, entre ellos a sus hambrientos funcionarios del sector salud. Pero además por sus obras rancheras de corta ingeniería y fallas constructivas a lo largo de la avenida Lázaro Cárdenas, con numerosos defectos de diseño y reparaciones constantes. El Nido del Halcón sólo ha lucido la colorida ambientación nocturna para las fotos y está por cumplir cinco años sin inauguración ni cuentas claras, esto sin dejar de mencionar el estadio tiburón con similares fallas y sobrecostos observados. 

Desde luego haciendo notar las apropiaciones de obras de gobiernos pasados, a las que Cuitlahuac, el avilón del atanasiato, solamente cambió de nombre y de colores. Ejemplos, el Acuario de Veracruz, ahora Acuarium, el Museo Interactivo Xalapa ahora Museo Caná y el Parque Natura, ahora Naturalia. Parece un hombre al que le gusta el bautizo.

Y el cuadro de la marmólea caquistocracia con sólo dos años de gestión en el palacio frente a Catedral, lo completa la gobernadora Rocío Nahle, quien con todo y sus camionetitas de la salud y su racimo de distractores festivales “culturales” de pesado presupuesto, no supo afrontar las necesidades del sistema de salud de Veracruz, el que con su angustiado personal de a pie, anda recorriendo avenidas a gritos, peticiones y desesperación de los trabajadores, que no tienen instalaciones adecuadas, ni con qué medicamentos o mejunjes curar a los pacientes que abarrotan las salas, mientras un delegado patán del IMSS—Roberto Ramos Alor—anda cargando su botarga de ineptitud y falso profesionalismo, campeando sonriente con el glorioso respaldo de su amiga la gobernadora ¡que además agradece risueña el apoyo que el doctor le ha hecho!—dixit Nahle.

Pero ese es sólo un caso, porque ahí en los senderos de la caquistocracia nahliana, se pavonean en las redes sociales de la 4T, personajes como Xóchitl Molina, Rodrigo Calderón, Ernesto Pérez y un espantoso número de funcionarios mediocres que deberían ser despedidos por acción u omisión. 

Quizá con una medida correctiva de esa magnitud, la ingeniera Rocío Nahle mostraría que no quiere ser parte de esa pestilente caquistocracia que ya parece epidemia enquistada en la administración pública veracruzana en sus tres poderes y organismos autónomos como el ORFIS, donde gentes como Éric Domínguez, la señora Griego, la diputada Victoria y otras damas y señores guindas no cantan mal las rancheras de la burocracia morenista jarocha. 

Porque el peor tiempo para Veracruz comenzó en la segunda década del siglo y hay que esforzarse para detener y escapar de esa penosa moda caquistocrática que destruye el bienestar y el futuro veracruzano.   

Publicidad