El seis de junio del año siguiente se llevarán a cabo los que serán los comicios más peleados de la historia moderna en México. La denominada elección intermedia de 2021, constituirá un disputado ejercicio democrático en el que miles de candidatos competirán por gubernaturas, diputaciones federales, diputaciones locales y presidencias municipales. 

A partir de esta fecha y hasta el día de los cómputos distritales, serán alrededor de 400 días de lucha abierta y sin cuartel en los que las personas -hombres y mujeres- interesadas en ocupar esos cargos de elección, deberán aplicar todos sus recursos disponibles para alcanzar la mayor cantidad de votos en las urnas ese primer domingo de junio, pletórico de emoción y preocupación. 

Una guerra cuyo inicio no puede esperar más. Muchas batallas tendrán que enfrentar los contendientes si quieren ganarla. Muchas luchas territoriales e intelectuales ante adversarios e instituciones políticas, administrativas y electorales habrán de afrontar todos aquellos que pretendan competir y que se sientan con estatura, conocimiento y autoridad moral para convencer a la gente y concretar sus proyectos personarles. Y no bastarán las descalificaciones o reconocimientos en redes sociales, se tendrá que realizar una política de convencimiento personal, reparadora de solidaridades dañadas en el ámbito político, económico y social, sí lo que se pretende es equilibrar el poder en México y Veracruz.

El seis de junio de 2021 será la madre de las batallas en México. Será el día en que la población confirmará o reprobará en las urnas el liderazgo y actuación del presidente López Obrador y la permanencia y proyección futura del partido MORENA. 

Será el momento decisivo para que los mexicanos que estén a disgusto con AMLO y su gobierno, se manifiesten con el voto en favor de candidatos que puedan respaldar y responder a sus inquietudes y necesidades en los gobiernos estatales, en los congresos y en las presidencias. Si no lo hicieren -como alerta la Constitución- y en calidad de derrotados de la elección, los ciudadanos no podrán pasar de las cómodas quejas, de las murmuraciones acusatorias y de las amarguras sin sentido. 

En Veracruz, ese día se competirá por diputaciones federales y estatales y por presidencias municipales. Si se consideran los escaños de esos legisladores y los cargos de alcaldes, síndicos, tesoreros y directores de obras públicas, solamente, se estaría hablando de alrededor de mil puestos públicos importantes, los que estarán en juego. Y para los colaboradores de estos personajes, habría otros mil o dos mil de menor envergadura, pero igualmente atractivos.

Diferentes canales de comunicación han comenzado a hablar de los sempiternos interesados en este tipo de cargos: apellidos como Velasco Chedraui, Yunes Márquez, Yunes Zorrilla, Yunes Landa, Montiel Montiel, García Guzmán, Silva Ramos, Hernández Hernández; o los Flores Aguayo, los Franco Castán y un largo y multicolor etcétera. Pero por desgracia para estos nombres archiconocidos y varios de ellos frecuentemente evocados por sus defectos, parece que sus tiempos y modos políticos están en seria desventaja. 

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La población ya aprendió y no desea más equivocaciones. Quizá sea tiempo de considerar a otros nombres con peso específico en la sociedad esforzada, hombres y mujeres con acciones en favor de los grupos sociales y la discusión pública, con propuestas que pudieran crecer de cara a una mayor participación política.

Nombres con trabajo social y humanista, o con carrera en la administración pública y conocedores de la problemática veracruzana. Aquí van algunos, pero hay cientos de ellos, con méritos y reconocimiento ciudadano iguales o mayores a lo largo y ancho de Veracruz: Guillermo Rodríguez Curiel, Agustín Basilio de la Vega, Rafael Arias Hernández, Carlos Aceves, Gonzalo Pardo, Ignacio García Leyva, Ramón Rodríguez Alonso, Arturo Jaramillo Díaz de León, Lulú Vega, Cristina Almazán Villalobos, José Luis Zárate Trujillo, Christopher Santos Castillo, Rosalinda Huerta Rivadeneyra, Armando Aguirre Hervis, Juan Vergel Pacheco, Héctor Colío Galindo, Rene Belín Capitaine, Victoria Antonio, María de los Ángeles Prieto Linares, Salvador López Sánchez, José Delfino Martínez y Adrián Pérez. Quizá para muchos no son conocidos, porque no han sido mencionados por los reporteros de café, en las columnas políticas de los maestros del periodismo, los “únicos” que vivieron y conocen los acontecimientos del pasado en Veracruz. Por fortuna, son otros tiempos, se viven otras realidades, son otras historias. Pero son nombres bien populares en sus ciudades y comunidades, y que pudieran convertirse en candidatos con posibilidades si se les promueve y apoya. Mujeres y hombres competitivos y probados en la brega y en el campo, para su participación en los partidos políticos, y eventualmente y, por qué no, hasta para convertirse en las heroínas o en los prohombres de la elección en 2021. 

La elección venidera no se ganará con cartuchos quemados o forrados con gruesos historiales de corrupción e impunidad comprobada o murmurada en callejuelas y reuniones. En el 2021, los mexicanos y los veracruzanos tendrán la llave para abrir la puerta del equilibrio y renovación política, es mucho lo que se juega como para que todo quede en transformación fantasmagórica.

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