Todas aquellas personas que conozcan a José Yunes Zorrilla, estarán de acuerdo en que el político peroteño es un hombre preparado, discreto y caballeroso, aunque esta última cualidad suya, sea la que más se insista en dar a conocer en los medios de comunicación.

Sin duda alguna, Pepe es al día de hoy el mejor prospecto del PRI, para buscar la próxima gubernatura veracruzana, y para enfrentarse con posibilidad de éxito a los otros contendientes al cargo. Sus características propias y su poca vinculación a los gobiernos priistas anteriores, así lo indican. Y también, su fuerte amistad y relación con el precandidato presidencial José Antonio Meade.

Pero esa circunstancia no puede enterrar el hecho de que el legítimo propósito de Yunes Zorrilla de convertirse en gobernador electo el próximo primero de julio, constituye un reto de dimensiones colosales.

En la toma de protesta del sábado pasado como precandidato priista a la gubernatura, Pepe mostró su discurso habitual, que por ser distinto a los estilos teatrales que acostumbra y aplaude ese partido, pudiera darle mejores oportunidades de victoria ante los jóvenes que desdeñan a cualquiera que porte esos colores y esas formas pasadas de moda.

Pasadas de moda, como aquellos perdedores expertos, fantasmas y muertos vivientes del priismo local, que insisten en mantenerse en el escenario a costa de lo que sea, sin detenerse a pensar en que perjudican, y poco benefician a Yunes Zorrilla.

Otro aspecto que el candidato deberá corregir y mejorar, es el de la toma de decisiones, que sólo él debe hacer de una vez por todas. Porque no se puede quedar bien con todos y con ninguno. De tajo y de un buen golpe en la mesa, debe designar formalmente a quien él quiera y en quien él confíe, por ejemplo, en la coordinación de campaña y en el manejo de los medios de comunicación. No puede tener uno o cinco jefes de campaña, ni haber 10, 20 ó 30 jefes de prensa, haciendo lo mismo y no haciendo nada.

Deberá estar muy atento a las lealtades y compromisos de sus cercanos y adherentes por conveniencia. Hay gente que quiere y no puede. Y hay gente que puede, pero para ello le exigirá gasolina para moverse, y si no la recibe, dejará los arreos, las banderas y los gritos de batalla, aunque en las reuniones de evaluación, dará los mejores datos de papel volátil.

Pepe arrastrará la cauda de corrupción del duartismo, nadie lo puede negar, pero a su favor tendrá la decepción de muchos priistas y de otros partidos, a quienes les ganó el canto de las sirenas del cambio yunista que quedó en nada.

Pero igualmente en nada le ayudan a él, declaraciones de dirigentes priistas que al otro día de su evento en el salón de los maestros, aparecen en los medios, con títulos como “Pepe si le gana a Cuitláhuac” o “Cuitláhuac perderá”. El lector o el oyente de estas terribles pifias, lo que piensa es que Renato Alarcón cree que su gallo sí le gana al morenista, aunque quién sabe si al panista no. O lo peor, que Pepe sólo busca quedar en segundo lugar, atrás del candidato azul.

Por eso, el primer reto de Pepe, será deshacerse de líderes que no saben en lo más mínimo, qué es lo que están haciendo en la dirigencia estatal de un partido.

Un reto superior para el priista, será el hecho de que el contendiente azul tendrá todos los recursos a su favor, y el otro, que está cobijado por el manto de Andrés Manuel, tendrá la marea de simpatizantes que votarán por ese candidato, por la simple razón de ser morenista.

Pepe es el mejor candidato, y es el mejor caballero, pero por ningún motivo debe convertirse en el caballero de la triste figura. Debe saber que está en medio de una cruenta y real lucha por los votos de los ciudadanos veracruzanos. Que está combatiendo contra todos los dragones en medio del fuego. Los de su cielo y los del ajeno. Y muy pocos son realmente amigables.

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