Extrañamente las autoridades federales tratan de impulsar el regreso a clases presenciales dentro de 14 días, cuando todo mundo sabe que el proceso de vacunación contra el coronavirus no se está dando con la velocidad deseada por la población. Tal proceso requiere varios meses más.

Hasta Delfina Gómez, la secretaria de educación del gabinete federal vino a Veracruz esta semana a hablar de ese regreso a las aulas tan urgido por la cúpula morenista. Insisten en que podría ser en mayo, alentados por la vacunación contra Covid-19 que están haciendo a los maestros de varios estados a los que les aplican la vacuna Cansino de una sola dosis.

Las huestes obradoristas viralizan en las redes la atrevida sugerencia de agradecer la bendición de la vacuna gracias a la eficiencia sin igual que le conceden al mandatario nacional y a los gobiernos morenistas, regímenes donde según ellos “ahora sí hay funcionarios eficaces que saben responder a las necesidades de la gente”. 

También en las propias redes sociales aparecen y se multiplican las respuestas populares en el sentido de que esa vacunación se paga con los impuestos de todos, y no es una concesión o dádiva de ningún gobierno, desde luego con el rechazo de muchos a esa medida apresurada y poco meditada de volver al salón de clases.

La vacunación camina lenta, es la realidad más cruda si se recuerda que México tiene 127 millones de habitantes. Y una de las inconformidades más extendida, tiene que ver con la negligencia e irresponsabilidad oficial de no vacunar a los médicos y enfermeras del sector privado, que se exponen ante millones de personas en la primera línea de atención en consultorios particulares de médicos generales y especialistas, nutriólogos. psiquiatras y psicólogos en colonias urbanas y rancherías rurales.

La decisión de no vacunar a este sector muestra solamente el atraso y la falta de solidaridad del gobierno de López Obrador. Resulta paradójico que esos médicos estén tramitando amparos para exigir la aplicación del biológico.

En el caso de la convocatoria al regreso a clases, y si ya casi se concluye el año escolar, entonces para qué arriesgar a maestros, alumnos y padres de familias en esa movilización de estudiantes, que simplemente huele a la idea de que muchos de los maestros (se sabe que son más de un millón y medio en el país) serán obligados por sus sindicatos a acudir a promover el voto, como se hace desde hace muchos años por gobiernos de todo tipo, y que a decir del actual, fueron diferentes al de la transformación honestamente valiente dirigida por López Obrador. 

Y justamente habrá que recordar que la promoción del voto de la elección del 6 de junio, está ocurriendo desde estas semanas hasta principios de ese mes. Lo único bueno es que la sociedad esta vigilante y participativa, como nunca antes.

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