El intento de asesinato contra el influyente periodista Ciro Gómez Leyva, el jueves por la noche en la Ciudad de México, ha puesto en alerta y en grave preocupación a la sociedad mexicana, respecto a una lamentable época de inestabilidad que pudiera establecerse en este país, regresándolo a etapas antidemocráticas que se creían ya superadas. De manera urgente México necesita un momento de reflexión seria.
La población mexicana está viviendo meses de tensión a causa de los adelantados preparativos de palacio nacional para la transición de poder en 2024. El presidente de la república quiere asegurar la continuidad de su 4T y de su proyecto político y parece considerar que posee todos los hilos a su favor para conseguirlo.
López Obrador siente que sus estrategias son inequívocas. Con las grandes contrataciones de obra pública y adquisiciones gubernamentales realizadas con ridículo rigor legal, tiene a su favor a uno de los grandes grupos empresariales comandados por Carlos Slim, con quien mantiene buena relación y comunicación desde su paso por el gobierno de la Ciudad de México. También cree que tiene convencido y de su lado a los sectores militares, a quienes como nunca les habían otorgado poderes extraordinarios, programas de gobierno y recursos económicos y materiales.
Y por si algo faltara en su ecuación, desde la soledad de las gruesas paredes del palacio, pudiera pensar que tiene tranquilas y felices a las organizaciones criminales más poderosas del país, que crecen día a día y libremente, gracias a la peculiar política discursiva y operativa del “Abrazos, no balazos” obradorista que aplica devotamente en los temas de la seguridad pública en el territorio entero.
Con esas condiciones y seguridades en su percepción, el presidente ha insistido en transformar leyes y hasta en modificar la Constitución Política, pero esa insistencia se estrella frontalmente con la enorme pared que representa el 50% de la población que no está de acuerdo con su gobierno o con sus intenciones de permanencia en el poder por medio del partido MORENA.
Porque es un hecho que no estarán de acuerdo con AMLO muchos de los principales actores nacionales a la hora de la votación. Y quiénes son estos: los grandes sectores poblacionales de las clases altas y medias, afectados por arbitrarias decisiones de gobierno; la iglesia, infinidad de organizaciones productoras, civiles, no gubernamentales y ciudadanas, ajenas o indiferentes a los programas asistenciales enfocados desde la perspectiva política-electoral; pero también hay grupos de feministas, intelectuales, artistas, artesanos, comerciantes, burócratas y muchos otros sectores minoritarios.
Todos estos, son grupos de ciudadanos que se dan cuenta de la estrategia maniquea, polarizadora y estigmatizadora que López Obrador echó a andar en México desde que ganó la presidencia: los buenos contra los malos, la 4T contra los conservadores, el pueblo bueno contra los liberales, los fifís, los chayoteros o los “corruptos” del pasado. No hay día que AMLO deje de ofender o atacar a quien se le ponga en frente.
Estos grupos que no simpatizan con López Obrador difieren en algo que él pretende desde el inicio de su gestión, en que se propuso acabar con las instituciones autónomas y la independencia de los otros poderes del Estado: aniquilar las fuerzas y la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE).
En el proyecto de presupuesto 2023 se incluyeron disminuciones económicas al INE. La semana pasada el gobierno obradorista forzó al Senado respecto a modificaciones de leyes electorales y, coincidentemente, ocurre el atentado a Ciro Gómez Leyva, uno de los periodistas más atacados en la conferencia mañanera desde hace 4 años.
Será que Andrés Manuel López Obrador, el político, antes que el presidente, no se da cuenta del grave riesgo en que pone a la nación. Torcer la Constitución Política y apretar las tuercas a los opositores no son asuntos menores o a desdeñarse. Los riesgos que se corren son muchos. Y él juró respetar nuestra Carta Magna. Algo que incumple a menudo.







