En las disciplinas de la gimnasia y equitación se practica una peligrosa acrobacia denominada “salto de la muerte”. En la charrería mexicana esta suerte se observa cuando un valiente jinete salta de un caballo a otro, mientras los dos animales corren paralelos en círculos dentro del ruedo o plaza. 

En el Veracruz del siglo XXI el salto de la muerte lo han puesto de moda los políticos y no pocos militantes que buscan mejor suerte en las luchas por el poder federal, estatal y municipal. La pasada elección del 6 de junio dejó enormes enseñanzas sobre este tipo de suertes y resultados no siempre gratos.

En años recientes algunos gobernadores han llegado al poder gracias a las alianzas, alianzas que en ocasiones unen a partidos con filosofía y principios nada parecidos. En 2016 y en 2018 Yunes Linares usó alianzas del PAN con el PRD y con Movimiento Ciudadano para poder gobernar y para intentar colocar a su hijo como sucesor.  En este 2021, con la participación del exgobernador panista, incluso el PRI entró en alianza junto a azules y amarillos. En la parte de enfrente, igualmente con el PVEM, el partido MORENA ha practicado alianzas para mantener el gobierno. 

Hasta podría afirmarse que el célebre “salto de la muerte” ya es totalmente aceptado en suelo jarocho. La sociedad ha aprendido a la sana convivencia partidista para buscar luchas conjuntas en lo electoral, independientemente de que cada uno de esos partidos tenga sus ideologías, convicciones o intereses. Esta clase de salto de la muerte ha resultado favorable en algunos casos. 

La alianza de partidos fue productiva en la elección del domingo para las municipales. La coalición liderada por MORENA consiguió un millón, 341,690 votos y más de cien alcaldías. La alianza liderada por el PAN obtuvo un millón, 126,612 votos y más de 60 alcaldías.

Ricardo Ahued logró más de 100 mil sufragios con la alianza morenista y verde. A través de la alianza PAN-PRI-PRD, Patricia Lobeira alcanzó 94 mil votos. En el tema del reparto de posiciones en esos equipos, todos aportan y todos ganan. Los que saltaron mortalmente, la libraron y gozarán de los beneficios.

Pero no siempre hablar de un salto es así de favorable. No se puede decir lo mismo del salto de la muerte, cuando, en el caso del PRI, muchos de los que saltaron, consiguieron prebendas y utilidades. Pero al partido, o cascarón o carcasa que quedó, lo alcanzó la muerte civil, la muerte del honor viejo y del mal gusto por las cosas desechables. El pueblo entero ya sentenció que el partido tricolor está muerto. 

Y qué pasa con los cientos de miles de seguidores rojos que guardan el recuerdo y algo o mucho de su voto duro y añejo: los vanguardistas ahora participan avergonzados en otros partidos; los duros siguen votando maquinalmente por el PRI. Y los que no votan y quieren un cambio real, que tampoco tiene la 4T, esperan programas, líderes, o señales cuando menos.

Si se analiza esto se descubrirá que hay condiciones adecuadas para pensar en un bipartidismo jarocho que permita proponer en dos vías a candidatos ganadores con posibilidades de triunfo.  La sociedad tendría dos opciones válidas que no sean cascajo corriente y oportunista.

Un bipartidismo que englobe, por un lado, a aquellos que legítimamente deciden ser leales al obradorismo y a aquellos ex priistas, panistas, perredistas y de izquierda convenenciera domada por los negocios cupulares y que se fueron tras vulgar zanahoria en medio de negociaciones pestilentes.

La otra formación de ese propuesto bipartidismo estatal, se integraría por aquellos de corte conservador o fifí (como dice AMLO) y por gente de centro derecha que no quiera ser parte de la estrategia de partidos pulverizados que, por ser minúsculos reductos de industria familiar, no conducen a nada positivo que no sea para sus directivos o franquiciatarios.

Aquellos ciudadanos que en verdad desean un Veracruz y un México mejor, bien podrían considerar esta posibilidad con miras al futuro cercano.

Los triunfos del domingo puede que no se repitan en 2024 ya que pudieron haber sido victorias engañosas, forjadas desde la perspectiva de las utilidades y los dividendos, más que de las convicciones democráticas. Triunfos construidos por gentes que querían el poder y no por haber estado convencidos de los proyectos que defendían.

Si el PRI y el PRD están prácticamente liquidados, y si en la pulverización no hay progreso democrático real, debería pensarse que sí lo hay en la posibilidad de desarrollar un bipartidismo veracruzano, con una formación nueva forjada y compuesta por aquellos que emigren de esos partidos en decadencia, y siempre con la participación del PAN y de sus principales figuras e intelectualidades que puedan ser unidas con propósitos comunes.

Para acabar con la política del divide y vencerás, desde luego que tendrán que tomarse algunos riesgos. Hay que dar un gran salto, eso sí, pero este que se propone, sería un salto decidido y con energía hacia un poderoso caballo que pueda hacer ganar resultados para todos los veracruzanos, sean de derecha o de izquierda, conservadores o liberales, fifís o chairos. 

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