A dos meses y 10 días de tener en el estado un gobierno surgido desde la izquierda y apoyado por cientos de miles de veracruzanos que terminaron fastidiados por los malos priistas, panistas y perredistas, las cosas no terminan de funcionar como el grueso de la población esperaba.

Y el peligro es que esos veracruzanos que optaron por un cambio representado por Cuitláhuac García, terminen cansándose de las interminables pifias, errores y distracciones en que han caído varios de los altos generales del equipo del gobernador y de los otros equipos morenistas que no entienden que solo puede haber uno que mande en el estado. Como bien lo establecen la ciencia política y el auténtico liderazgo, el poder no se comparte.

Ese triste estado de cosas mediocres que se observan en las cúpulas del poder estatal, no ayudan en nada a lo que debiera ser ya una tersa y atinada conducción y mantenimiento de la gobernanza local, extrañada desde hace varios años.

Los diversos bandos morenistas -por no decir, tribus indisciplinadas- no entienden que hasta ahora, solo hasta ahora, han contado con la generosidad de los que verdaderamente tienen poder en Veracruz: los veracruzanos, en primer lugar, y la fuerza avasallante del presidente Andrés Manuel López Obrador, en segundo. 

López Obrador no tardará en fastidiarse también de la larga etapa de aprendizaje en que han incurrido sus colaboradores en esta entidad federativa. Permitir que las cosas sigan así, es dejar que se construyan decepciones, movimientos y fuerzas contrarias que harían peligrar las siguientes elecciones. 

Es bueno dejar de lado el tema Winckler, que irreflexivamente ubicaron en primer lugar de la agenda inicial. Porque lo primero de la agenda deben ser los veracruzanos y su bienestar. Y es mejor que los secretarios de despacho cuitlahuistas se pongan a trabajar, como ya lo están haciendo el secretario de seguridad pública y dos o tres más.

El gobernador Cuitláhuac debe hacer honor a su nombre de líder y honrar a quien decidió ese nombre. Tendrá que hacer gala de toda su capacidad para convencer a aquellos que duden que él es el único que manda en el gobierno de Veracruz. Tendrá que entender que el estado no puede caer como otros, en la ingobernabilidad que desean los grupos delincuenciales. Deberá acercarse al pueblo que votó por él y que espera ansioso los resultados, pero resultados concretos, tangibles y de peso -no engañosos y superficiales- que redunden en mayor bienestar y progreso para quienes menos tienen.

Sólo así sacaremos a Veracruz del hoyo en que está metido. Requerimos que crezca el empleo bien pagado, que se reduzca la pobreza extrema, que lleguen las inversiones y el turismo con divisas.

Si en el congreso –minúsculo- no hay liderazgos ni legisladores responsables, será necesario acotar y delimitar los peces de aguas turbias y los pozos nauseabundos, para que no haya mayores daños qué lamentar. Y si la conducción política no funciona allí, será mejor designar a alguien menos amado y con capacidad y lealtad para sacar las encomiendas correspondientes. 

Veracruz y los veracruzanos siempre deben ser lo primero. Y lo único.

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