La del martes en el Congreso del Estado a mediodía, no fue sólo una serenata para halagar a una dama por su cumpleaños. Si se acepta la actitud y las palabras que deslizó la beneficiaria, al momento en que escuchaba a los mariachis, debemos entender que ese inesperado evento en plena hora de trabajo legislativo, se trató de un ruego melodioso a su persona que le hace un ardoroso enamorado.

Pero si atendemos a que los reclamos amorosos suelen darse en otros escenarios más privados y a hora distinta, el inusitado hecho, que coincidía con la sesión legislativa, da a pensar que tuvo motivaciones diferentes. También demuestra que la institución legisladora está convertida en auténtico lugar de espectáculos, como lo aceptó la propia presidenta de la Honorable Legislatura el 28 de febrero pasado, cuando molesta por una bochornosa situación, exaltada gritó desde lo alto de la tribuna: “¡Vamos a acabar con este pinche circo!”

La promesa-amenaza nunca fue cumplida por Elisa Manterola, en ese tiempo, mimada y poderosa diputada. El circo nunca acabó y quizá no acabe. Si enumeramos las constantes escaramuzas y despropósitos originados por varios de los nóveles diputados, comprobamos que ha sido el Congreso estatal, la instancia más socorrida en esta administración de gobierno, para amenizar escándalos circenses y distraer a los veracruzanos.

Porque no se puede negar que el circo vive a todo lo que da, mientras los problemas y los mediocres resultados institucionales continúan implacables, afectando al gobernador Yunes Linares y su proyecto sucesorio.

Uno de esos eventos distractores fue precisamente la etapa de penuria que vivió la legisladora beneficiada con el agasajo musical de anteayer. Por alzar la voz en temas que a ella no cuadraron, fue vapuleada hace algunos meses en medios y redes sociales, calificándola como una persona de pocos valores y capacidades.

Y si buscamos otra interpretación sobre la ruidosa serenata, pudiera ser que esta hubiera sido ideada y pagada, también, con el fin de avisarle a Marijose Gamboa que ya fue totalmente perdonada por el que lleva el mando en Veracruz. Es decir, las canciones llevaron un cariñoso mensaje de que acabó la pena que le impusieron por habladora e indisciplinada. Eso sí, tenemos que reconocer que ese vernáculo distractor en el palacio legislativo mostró la simpatía popular que tiene esta joven comunicadora y legisladora.

Pero en estos esquemas poco juiciosos para la distracción del pueblo, elaborados por los jóvenes valores políticos del panismo-perredismo y su jefe máximo, la serenata constituyó la apoteosis. Porque para el circo y sus pistas en el Congreso, se ha utilizado de todo, hasta de los reconocimientos -ahora detestados- que se otorgaron a dos valiosos y valientes colectivos, a los que se premió con la medalla Ruíz Cortines en diciembre pasado.

Para ese fin también utilizaron el tema de las vaquillas y los gallos, que por poco, se convierte en relajada ley contra los animales. O la boda del diputado panúquense que tuvo los fondos suficientes para ir a Cancún a contraer matrimonio, y que contó con suficientes legisladores acompañantes, enlace que no pudo eclipsar ni una sesión programada, ni tampoco la atrevida luna que cubrió el sol este lunes.

Al final del día, sean reconocimientos oficiales, defensas sin sustento, decretos financieros fuera de ley, intentos para legislar vaquillas y gallos, bodas de muchachos o serenatas a legisladoras, todo vale, si sirve para ocultar a un gobierno de pena y en pena o para distraer a una sociedad angustiada, perseguida y hartada por la delincuencia.

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