Shakira, la famosa cantante colombiana, avecindada en Barcelona, tiene una canción que pinta muy bien la actitud de muchas de las mujeres veracruzanas que en este momento ocupan un cargo en el gobierno o cuentan con algún liderazgo en instituciones u organizaciones de la sociedad.

Es una canción que se refiere a la locura del amor. “Bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda, es todo lo que he sido, por ti me he convertido…”, dice en una de sus estrofas.

Aunque las frases de Shakira puedan prestarse a relajación, en Veracruz  la ceguera y la mudez encajan perfectamente en la actitud que muestran muchos actores políticos ante los ya constantes ataques a la vida e integridad de las mujeres.

Pero extraña sobremanera, el preocupante silencio asumido por la mayoría de las mujeres que dirigen instituciones o personas, respecto a los acontecimientos en que manos criminales han quitado la vida a mujeres veracruzanas.

Esto se afirma, porque no es posible entender, cómo es que ellas pueden estar ciegas y callarse ante los tremendos días vividos en este estado, especialmente en su capital, donde residen esas mujeres líderes, sea por mérito o por invento.

Y es que ya hubo mucho silencio de parte de ellas ante la serie de desapariciones y asesinatos de mujeres durante estos meses. En este septiembre negro, tampoco dijeron nada cuando apareció en una céntrica calle de Xalapa, el cuerpo decapitado de una infortunada mujer que trabajaba dando clases de inglés, junto a los cuerpos de su esposo y cuñado, que sufrieron igual destino trágico.

Tampoco dijeron nada cuando se vivió la dramática semana en que se esperaba encontrar con vida a la estudiante Mara Castilla en Puebla. Y siguieron omisas cuando su cuerpo fue encontrado, tras ser asesinada.  Continuaron silentes, después de la fuerte acusación que hizo Amnistía Internacional contra el estado mexicano.

Al puro estilo Shakira, nuestras grandes funcionarias y líderes veracruzanas quedaron ciegas y sordomudas. Triste incongruencia, si observamos que varias de ellas suelen aprovechar las circunstancias para hablar “del género”,  como equivocadamente se refieren.

Dónde están las funcionarias, que en el pasado fueron pensantes y críticas, como Mariana Aguilar, que ahora no habla ni de su tema como secretaria del medio ambiente en el gobierno de Yunes Linares. O como Indira Rosales, la que lleva la cartera social y cuida afanes senatoriales y caprichos de ocasión. Será que olvidaron las ideas feministas y liberales, callando sumisas ante Júpiter tonante.

Dónde están las declaraciones, cuando menos por solidaridad, de funcionarias federales como Elizabeth Morales o Anilú Íngram, que por sus funciones en la salud y el desarrollo social, deberían decir algo sobre el cacareado tejido social, sus cánceres y programas de inclusión.

Dónde están las diputadas federales y estatales y las sapientes intervenciones de las lideresas de partidos políticos de todos los colores, a quienes parece que sólo interesan los cargos para “plataformearse” rumbo a las elecciones.

Pareciera que, en efecto, la mayor parte de ellas están ciegas y sordomudas, apoltronadas en la comodidad de la autocomplacencia. Estudiando “el género” (como si de telas, se tratara), sin haber aprendido que el género –ese que estudian las ciencias sociales– se refiere o incluye a lo femenino y a lo masculino, en la misma proporción e importancia.  Que los peligros y las amenazas actuales alcanzan por igual a jovencitas que a jovencitos, a mujeres y a hombres.

Ojalá termine la ceguera y la sordez y se decidan a hablar. Sería interesante conocer sus posicionamientos. Mujeres con voz propia en Veracruz y México, proporcionarían alguna esperanza de mejora y de progreso.

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