En la edición del viernes de Excélsior, en su columna Bitácora del Director, el periodista Pascal Beltrán del Río recordó el artículo 84 constitucional y la posibilidad de que México pudiera verse en la necesidad de designar a un presidente sustituto, para el caso de que quien ocupara la presidencia no pudiera continuar en el cargo, considerando que ya rebasó los dos primeros años de gestión, como lo establece ese importante numeral de nuestra Carta Magna.
Y en esa idea, retrocedió en el tiempo, evocando al político michoacano Pascual Ortiz Rubio, cuando tuvo que renunciar a la presidencia de la república debido al poder inmenso que tenía Plutarco Elías Calles en la época inicial del maximato priista.
Ortiz Rubio había llegado al cargo tras el asesinato de Álvaro Obregón, mediante una elección extraordinaria, y tras dos años, renunciando y reconociendo su debilidad, decidió dejar la presidencia. Fue uno de los mandatarios más breves, vilipendiado y humillado por el que “gobernaba enfrente”. El Congreso de la Unión, en esos años controlado por Calles, designó como presidente sustituto a Abelardo L. Rodríguez, y Ortiz Rubio se fue al ostracismo.
Pascal Beltrán hizo esa interesante reflexión de fin de semana, que es inquietante para muchos lectores, en un momento álgido de circunstancias muy complicadas para la estabilidad y crecimiento del país, con la reaparición de AMLO con el pretexto de otro libro, y donde en el mismo canasto discursivo del sistema que lidera Sheinbaum se habla de soberanía nacional y de la tremenda fuerza de la narcopolítica en todo el territorio mexicano, además del persistente injerencismo del gobierno estadounidense tratando de castigar a varios personajes con su mano firme y llena de agencias como la DEA, junto al discurso flamígero y volátil de Donald Trump para asegurarse una continuidad política. Un cóctel explosivo que no ayuda a la gobernabilidad ni a la inversión.
Pero esta lectura que hace el director de Excélsior sirve para trasladar la inquietud hacia lo que se observa y percibe en Veracruz, donde los graves problemas que sufre la población conviven de la mano con la catarata de festivales grandes, medianos y chicos, buenos, regulares y malos, que promueve a destajo la gobernadora Rocío Nahle. Como si la moda y la fiesta eterna fueran suficientes para resolver problemas viejos y nuevos.
Y replicando el planteamiento de Pascal Beltrán a esta entidad federativa, si en Veracruz ocurriese una hipótesis similar el próximo 1 de diciembre, cuando se cumplen los dos años de Nahle —para ya no ir a elección constitucional— y se tuviera que designar un sustituto, surge la pregunta de quién sería ese gobernador sustituto. Y ante esta interrogante, sólo se observa a tres personajes vinculados al partido Morena para ser postulados: Manuel Huerta Ladrón de Guevara, Javier Herrera Borunda y Ricardo Ahued Bardahuil. ¿Cuáles son las circunstancias de cada uno de estos prospectos?
Manuel Huerta Ladrón de Guevara, actual senador de la República, es un político de izquierda, de a pie y todoterreno, que nunca ha dado bandazos ideológicos. Fue delegado de Bienestar y cuenta con miles de seguidores y simpatizantes en todo el estado. Uno de sus puntos principales es su lealtad, compromiso y línea directa con López Obrador. Sería el prospecto principal, sin oposición de los radicales morenos de origen izquierdista.
Javier Herrera Borunda, diputado federal e hijo del fallecido exgobernador Fidel Herrera Beltrán, cuenta con importantes alianzas políticas, es amigo de Manuel Velasco y militante distinguido del PVEM. Es presidente de la Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados.
Y, por último, Ricardo Ahued Bardahuil: exalcalde, diputado priista, exsenador morenista, exdirector general de Aduanas en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y actual secretario de Gobierno bajo la administración de Rocío Nahle.
En términos políticos, Ahued Bardahuil se ha presentado como una figura infranqueable e impoluta, conciliadora, entregada al servicio de la sociedad y ajena a la tentación de utilizar sus cargos públicos para incrementar su patrimonio empresarial en el sector de la venta de plástico. Sin embargo, en su primera gestión como alcalde —durante los tiempos del fidelato—, aunque se proclamaba como un gran impulsor del libramiento de Xalapa, lejos de ayudar a concientizar a los afectados sobre los derechos de vía, los alentaba a manifestarse contra el gobierno de Fidel Herrera para exigir indemnizaciones fuera de la ley.
No obstante, por su cercanía y confianza con la gobernadora Nahle, la autoridad moral y política de Ahued ha sido opacada. Se señala la presunta participación de sus hijos en negocios como el manejo de pipas de agua en Xalapa, constructoras e incluso la edición de libros de texto para la Secretaría de Educación de Veracruz. Estas operaciones estarían siendo manejadas a través de la empresa Editorial Testimonio de Veracruz, cuyo domicilio fiscal se ubica en una modesta casa en la colonia Mártires de Chicago, en Xalapa.
En el caso de Javier Herrera, de darse el supuesto, sería un relevante factor en la cuenca del Papaloapan y contaría mucho su alianza con Aureliano Hernández Palacios, pues ellos dos podrían formar un equipo estratégico para asegurar la elección constitucional de 2030 en favor de Morena, vigilando la lealtad y compromiso de los alcaldes hacia las fórmulas morenistas y asegurando un triunfo electoral contundente.
Sin duda, el recuerdo de Pascual Ortiz Rubio, generado en esa Bitácora de Pascal Beltrán, trae a la mente el caso de Dante Delgado Rannauro, también gobernador sustituto, promovido y respaldado por Fernando Gutiérrez Barrios, quien luego de dos años de gestión dejaría el gobierno de Veracruz para asumir la Secretaría de Gobernación en el sexenio de Carlos Salinas en diciembre de 1988. Así, Dante se convirtió durante cuatro años en el fiel escudero de don Fernando.
En este supuesto para los tiempos actuales en Veracruz, habría que ponderar un punto clave: quién sabe cuál de los tres prospectos mencionados —Huerta, Herrera o Ahued— podría ser un fiel escudero de la ingeniera Rocío Nahle si esta la separaran o marchara a algún cargo federal.
Esa es la pregunta del millón.







