A nadie extraña el nombramiento de Carlos Raúl Velázquez Hernández, como rector de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV). En el medio académico e intelectual de la capital del estado, no provoca sorpresa la manera en que se están tomando las decisiones en torno a las instituciones de educación superior en estos tiempos.

Acabamos de observar la reelección de Sara Ladrón de Guevara en la Universidad Veracruzana, que se dio del modo tradicional e incuestionable. Desde hace algunas décadas, a los titulares del poder ejecutivo estatal parece tenerles sin cuidado, quiénes serán los que encabecen este tipo de instituciones. En general, se ha visto que conforme transcurre el tiempo, son menores los requisitos exigidos para esos puestos, que según el imaginario popular, deberían ser destinados a académicos, investigadores o a personas con las medallas del saber suficientes.

Sobre el nuevo rector de la UPAV, sólo se sabe que viene de ser director del Centro de Estudios de Veracruz, con sede en Boca del Río, una institución privada que fundó él mismo, en el año de 1999. Abogado de profesión, sustituyó en el cargo a Maribel Sánchez Lara, quien había sido designada en las primeras semanas de esta administración. Sólo se mantuvo escasos nueve meses en el cargo. Ni siquiera un periodo escolar completo.

Pero en el sur, otro “académico” personaje, tampoco llegó a terminar un periodo escolar en la institución que dirigía. Se trata de Mauro Sánchez Pola, quien en enero de este año fue nombrado rector de la Universidad Tecnológica del Sureste, con sede en el municipio de Nanchital, recientemente cesado, a causa del escandaloso caso ¡Yúnete!, suscitado la semana pasada en Coatzacoalcos.

De este neofuncionario educativo, será la Fiscalía General del Estado, la que determine su grado de culpabilidad por haber participado en una hedionda entrega de despensas que debieron otorgarse sin color, pero que se le volvieron azules.

Lo que se dice de Sánchez Pola por aquellos rumbos, es que el ingeniero se ha acostumbrado a los líos judiciales. Cuando fue director de obras públicas en el municipio de Agua Dulce, debió ser separado del cargo por resolución del Tribunal Estatal de lo Contencioso Administrativo, instancia que en marzo de 2013 ordenó su destitución por incumplimiento del deber legal.

En el mes de abril pasado, ya como rector de la Universidad Tecnológica, había sido observado por la Junta de Conciliación y Arbitraje de Xalapa, debido a denuncias de maestros inconformes.

De ese tamaño son las cosas que suceden en las instituciones de educación superior pertenecientes al sector público en el estado. En el caso de la UPAV, surge una inquietante pregunta. ¿Será que Carlos Raúl Velázquez Hernández, pueda avanzar en la solución de los graves problemas que persisten en la UPAV, mismos que no pudo resolver Maribel Sánchez Lara, la rectora saliente?.

Porque debemos recordar que sigue sin aclararse el destino de más de mil millones de pesos de años anteriores, que fueron observados por el ORFIS, y que algunos analistas políticos han elevado a más de mil cuatrocientos millones.

Ante la existencia de rectorados sin méritos y alto nivel de opacidad en las instituciones, frecuentemente denunciados, la sociedad se cuestiona si los recursos provenientes de cuotas escolares, no estarán destinándose a actividades ajenas a la enseñanza.

Por lo que se aprecia hasta ahora, esta entidad federativa no cuenta con ninguna universidad que se reconozca entre las más prestigiadas del país.

Y esa realidad tiene una sola explicación. Mientras las instituciones universitarias del estado sigan sirviendo a intereses políticos, la educación superior de Veracruz no llegará a ninguna parte.

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