El acoso sexual contra alumnas y alumnos en la Universidad Veracruzana no es un asunto menor ni imputable a la rectora Sara Ladrón de Guevara. Es un tema viejo y visible que ha ido aumentando en los diferentes campus conforme incrementa la población estudiantil y disminuyen los valores morales y la ética profesional del cuerpo académico.

Pero los casos que trascienden en los medios de comunicación y los que quedan sin denuncia y registra la propia Universidad no han recibido la atención y el castigo que esperan los estudiantes y las víctimas -mujeres y hombres- de ese tipo de acosos, abusos o agresiones sexuales.

Como ocurrió en los anteriores desde la fundación de la institución, durante este rectorado las autoridades han preferido hacer mutis y guardar los expedientes en el último cajón del escritorio. Han decidido mantener el statu quo y las garantías sindicales de los docentes y funcionarios, antes que impulsar una verdadera política de respeto a los derechos humanos de los estudiantes universitarios. La gente sabe que el célebre y desastroso sistema MEIF (Modelo educativo integral y flexible) se impuso para beneficiar a los maestros, más que a los alumnos.

En facultades como Psicología, Derecho, Música, Ciencias de la Comunicación y Artes, entre otras, el acoso sexual que ejercen deshonestos profesores es conversación común en pasillos y reuniones. Lo saben los alumnos, y lo callan los maestros infractores y sus colegas cercanos, con quienes suelen festinarlo como triunfos personales.

Las recientes inconformidades en la Facultad de Psicología en Xalapa, demuestran que los estudiantes de este siglo no están dispuestos a servir de conejillos de indias o a ser cosificados como objetos sexuales de malogrados docentes. La valentía de esos jóvenes que han alzado la voz debe ser objeto de reconocimiento y respeto social. Sus demandas deben ser atendidas a la brevedad por Sara Ladrón de Guevara sin condicionamientos perniciosos de los dirigentes sindicales universitarios.

Respecto a la comunicación que publicitó ayer el director de la escuela, se percibe que a este no le bastaron las decenas de señalamientos plasmados en cartulinas y pancartas con que tapizaron el edificio. No entiende que expresiones como “condenamos”, “nos sumamos” y “estamos abiertos a escuchar y recibir denuncias”, solamente indican un posicionamiento parcial en torno al problema.

Si estas anomalías no se atienden con sensibilidad y eficacia, el movimiento #MeToo puede aparecer en el entorno universitario y enterrar aspiraciones de muchos y muchas que aún creen que pueden jugar con las voluntades de los estudiantes. En Francia, por cierto, y de manera más incisiva, la iniciativa fue bautizada como #BalanceTonPorc (Denuncia A tu Cerdo).

Como integrante de la sociedad veracruzana, este portal de noticias estará atento y receptivo para contribuir a que este legítimo movimiento estudiantil tenga un correcto desenlace, sin afectaciones que revictimicen a las alumnas que defienden sus derechos o que lesionen la normal conclusión de sus estudios y titulación de licenciatura.

Es muy lamentable que estas situaciones manchen la vida universitaria, la formación profesional de los alumnos y a los auténticos maestros con trayectoria y prestigio. La Rectoría debiera trabajar para reivindicar la docencia y la vocación magisterial, erradicando todas aquellas prácticas ajenas a los principios fundacionales de la Universidad Veracruzana.

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