Si hacemos un poco de memoria, encontraremos que en el Veracruz de los últimos años, la conversación pública se ha llenado de acusaciones de corrupción, enfrentamientos políticos, persecuciones, promesas de cambio y cortinas de humo. No es exagerado afirmar que la palabrería hablada y escrita ha sustituido a la acción. Se habla mucho, pero no se tienen resultados.

Para empeorar las cosas, el miedo causado por la inseguridad pública impide dar los pasos necesarios para alcanzar el progreso, orillando a gran parte de la sociedad a convertirse en un simple conjunto de seres estáticos. Sin darnos cuenta, inexorablemente nos fuimos acercando a una peligrosa situación, a una realidad incuestionable e insostenible: En Veracruz, hablar es el verbo.

El problema de la inacción ha permeado a todos por igual: a la sociedad en general, al gobierno estatal y a los sectores productivos. Pocos hablan de construir, ni siquiera de reconstruir.

Y en este tema, el que debiera llevar la batuta no lo hace, y no lo hace, porque no tiene tiempo. Está ocupado en otros menesteres cercanos al egoísmo más que al altruismo. Miguel Ángel Yunes Linares está preocupado por lo que ocurre en su familia, no en lo que esperan los más de ocho millones de veracruzanos.

Resulta increíble que un gobernante que recibió una administración casi en quiebra, y que prometió un cambio para mejorar, no hizo lo primero que se hace en estos casos y que aconseja el sentido común. Si tu casa ha quedado en ruinas, lo primero que tienes que hacer, es conocer qué es lo que puedes salvar, lo que te queda, lo que se puede aprovechar. Lo que se perdió, ya lo sabemos, es visible, no hace falta vivir haciendo lamentaciones y acusaciones que, como se comprueba, no conducen a ningún lado.

Y la idea de la construcción o reconstrucción, es aplicable en todos los municipios, a todas las áreas, a todos los sectores, a todas las dependencias. Pero se debiera empezar en una actividad que mueve a la economía en el estado, que es multiplicadora y que deja beneficios por todos lados: la obra pública.

Hasta ahora, después de varios años de gobiernos fallidos y erráticos –como se empeñan en calificar–, años de obras iniciadas e inconclusas y de recursos federales, estatales y municipales a la intemperie, que suman cientos o miles de millones de pesos, ningún integrante del gobierno yunista, ha tenido la iniciativa o la intención de informar, qué se hará con esas construcciones sin terminar, que finalmente han costado mucho dinero a los contribuyentes.

Si hacer obra pública es hacer progreso, levantar la planta productiva y crear empleos en los municipios, entonces, por qué razón el secretario técnico del gabinete, o los secretarios implicados, no presentan un plan de conclusión de esas decenas o cientos de obras inconclusas.

Un plan para construir y terminar lo que se está deteriorando lastimosamente bajo las inclemencias del clima, es una tarea que debiera realizar Julen Rementería, el secretario de infraestructura y obras públicas, en lugar de estar pensando en senadurías o en el próximo puesto de su pequeño Bingen.

Pero si ni siquiera esa propuesta se le puede presentar al gobierno federal, entonces no nos quejemos de que ellos no vengan a apoyar a esta entidad federativa.

Los veracruzanos y sus autoridades, tenemos que ponernos a trabajar en serio, para que lleguen los inversionistas a arriesgar sus capitales y a crear empleos. Debemos recordar que la palabrería se la lleva el viento, igual que los sueños.

A una casa donde se observa discusión, flojera y suciedad, no se le visita.

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