Jesús Lezama

A partir de las 7:00, de lunes a viernes, el presidente Andrés Manuel López Obrador realiza un acto mediático en el que busca lucirse frente a los periodistas que lo acompañan y, desde el púlpito, no deja de enfrentarse a ‘cara de perro’ con quien él determine que así es necesario.

Mientras el ejecutivo da prioridad a controvertidos anuncios, o informa con sus propios datos “su otra realidad”, suele desacreditar y luego minimizar exigencias legítimas como las de los padres angustiados por el desabasto de medicamentos, la voz de familiares lastimados por la violencia del crimen organizado, o los análisis y cifras económicas de especialistas. Unos presumen y aplauden mucho lo que ha realizado en estos 14 meses la Cuarta Transformación, otros están dedicados a descalificar todo lo que sale de Palacio Nacional. 

Las peleas de gallo de corral es la constante del nuevo tiempo mexicano. Y estas contiendas demuestran que hay dos Méxicos: la de los que saben lo que hacen y cumplen con sus deberes y la de algunos políticos que gritan, insultan, imparten el odio y en realidad no saben nada. A ello se le suma el montón de Obradoristas que debaten sin argumentos razonados.

A esa polarización apuestan los personajes del poder. Dividir es el verbo. Esa es la estrategia con la que los gobernantes de nuestra nación y quienes aspiran a serlo nos dirigen y alientan. Su plan consiste en indisponernos a los unos contra los otros.

En el 2021, se calentará la lucha de clases, ateos contra creyentes, enfermos contra sanos, y un largo etcétera de antagonismos que acabarán en el todos contra todos si no le ponemos remedio. 

Vale recordar lo que Sila, otro dictador romano, dijo a Cicerón en La Columna de Hierro de Taylor Caldwell: “¿Quién es más traidor a un pueblo que quien jura que lo sirve? ¡Míralos! ¿ Crees que van a dejar de llenar sus arcas por mucho que les grites que hay que salvar Roma? ¿Van a dejar sus cómodos puestos de mando en nombre del pueblo y a servir a los ciudadanos que los eligieron sin temor o favoritismo? ¿Van a exigir que se respete la Constitución y se negarán a aprobar una ley que favorezca sus intereses? ¿Van a gritar antes ¡libertad! que ¡privilegio!? ¿ Van a exhortar al electorado a que practique de nuevo la virtud? ¿ Se van a encarar con la plebe de Roma para decirle: Portaos como personas y no como un rebaño? ¿Encontrarás a uno solo de éstos entre los representantes del pueblo?”.

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