El grito de los integrantes de Antorcha Campesina en la última visita del presidente López Obrador, al pueblo mágico de Coatepec, es de escucharse. Quizá la desesperación de la otrora organización consentida en los gobiernos priistas, los motiva a ello. La “Antorcha mundial”, como es identificada por el nuevo régimen, se hizo presente en un evento donde todo debía “caminar sobre ruedas”. No fue así. Alguien o algo falló en la contención de los reclamos. 

Los “antorchos” hicieron sentir su fuerza y evidenciaron las debilidades en la operación política del régimen cuitlahuista. En ambos bandos -el oficial y el popular- el olor a barrio se hizo presente. Cierto, los dos saben gritar porque son hijos de la lucha. El ejecutivo federal no se fue satisfecho de Veracruz porque comprobó que en el Palacio de Enríquez las cosas no marchan bien.

Habrá consecuencias, caerán cabezas y necesariamente cambios en el gobierno Veracruzano. La cuchilla está afilada y a punto de activarse.

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