La mañana de este martes en Xalapa se reportó una presunta fuga de amoníaco en una planta procesadora de hielo, ubicada sobre la avenida Pípila -entre Américas y 20 de Noviembre- activando una movilización inmediata de cuerpos de emergencia.
Elementos de Protección Civil Municipal y del Heroico Cuerpo de Bomberos de Xalapa acudieron al punto tras llamadas al 911 que advertían de un posible riesgo químico. Luego del protocolo de rutina, por fortuna, el resultado fue menos dramático que el reporte inicial.
De acuerdo con la verificación en sitio, no existía fuga alguna. Lo que generó la alerta fue un procedimiento ordinario de mantenimiento en los sistemas de refrigeración. La purga de equipos para retirar residuos de aceite, una maniobra periódica que se realiza aproximadamente cada seis meses y que, por su naturaleza, libera olores intensos fácilmente confundibles con sustancias peligrosas.
Fueron los vecinos de la zona, alarmados por el hedor, los que activaron la cadena de emergencia.
Como medida preventiva, paramédicos de Protección Civil se desplegaron con dos ambulancias ante la posibilidad de afectaciones a la salud. No hubo personas intoxicadas ni reportes médicos que confirmaran daño alguno.
Sin embargo, el episodio tuvo efectos colaterales. Padres de familia acudieron a retirar a sus hijos de distintos planteles cercanos, entre ellos el preescolar “Juana Amelia Celis”, el colegio Summer Hills, el Instituto Francisco Javier Alegre y el centro educativo Villa de Cortés, luego de que personal docente optara por suspender actividades ante la incertidumbre.
Pese a la reacción en cadena, autoridades reiteraron que nunca existió riesgo real para la población ni condiciones que justificaran evacuaciones adicionales. El incidente quedó clasificado como falsa alarma.
Tras la inspección y la confirmación técnica, los cuerpos de emergencia se retiraron sin novedad. Lo que quedó en el ambiente no fue amoníaco, sino la evidencia de cómo, en cuestión de minutos, un olor puede escalar a crisis.







