¡Salud por Américo Zúñiga! El prodigio del pragmatismo jarocho acaba de desatar tres rabietas monumentales dignas del ratón Crispín… ¡y todas con auténtico odio jarocho!
Primero dejó al PRI al borde del infarto. Esos cadáveres tricolores aún le chillan ¡traición!, pero Américo, en un acto de suprema piedad, nomás les cantó a lo José José: el amor acaba. ¿Para qué velar a un muerto cuando se puede bailar en otra fiesta?
Luego hizo rabiar a Movimiento Ciudadano sin mover un sólo dedo. Los naranjas andan deshidratados del coraje, acusándolo de haberlos exprimido… ¡sin haber pisado jamás su huerto! Eso no es oportunismo, señores: ¡es pura magia política!
Pero el broche de oro cayó en su nuevo oasis: el Partido Verde. La fauna ecologista echa pestes y lo tilda de trepador, exigiéndole que muerda el polvo desde abajo. ¡Por favor! Como si una mente brillante fuera a hacer fila junto a especímenes como el zalamero e incompetente Marcelo Ruiz, auténtica basura reciclada de las maletas del duartismo.
Ah, y eso del “respeto” que Américo expresó por Sheinbaum, Nahle y la señora Griego sólo forma parte del rollo político de rigor para aderezar el plato ante las nuevas aliadas.
Un aplauso para Américo, el incomprendido visionario que demuestra que, en la política veracruzana, el verdadero talento consiste en saber brincar de rama antes de que se desplome el árbol.







