Cuando muere un monarca y asciende otro, la consigna es clara y brutal: “¡Muerto el Rey, viva el Rey!”. En Morena, sin embargo, la versión tropicalizada parece ser: “¡Borrado el post, viva el algoritmo!”.

El interregno político provocado por la reciente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro alcanzó al territorio veracruzano y tuvo como protagonista a Raquel Bonilla Herrera, senadora de Morena, quien en un acto de súbita iluminación política decidió eliminar de sus redes sociales una fotografía que formaba parte del archivo incómodo de la Cuarta Transformación.

La imagen es de agosto de 2022, cuando Bonilla aún era diputada federal y posaba sonriente junto a Nicolás Maduro, durante los trabajos del Grupo de Amistad Parlamentario México–Venezuela, del cual orgullosamente formaba parte. La foto desapareció. Lo que no desapareció -porque internet no perdona ni olvida- fue la captura de pantalla que circula profusamente en redes sociales, ese instrumento de la memoria colectiva que arruina vocaciones de amnesia selectiva.

En la publicación original, hoy convertida en material arqueológico digital, la legisladora escribió con fervor revolucionario y ortografía creativa:

“¡¡¡No está solo señor presidente Nicolás Maduro… México está con UD. (sic) y mi pueblo poza rica (sic) también!!!”.

Tras el escándalo internacional y el cambio de clima político, comenzó la coreografía conocida dentro del oficialismo: borrar, callar y mirar hacia otro lado. Militantes y simpatizantes de Morena parecen haber adoptado como himno no oficial el clásico del grupo Bronco: “Que no quede huella… que no, que no quede huella”, aunque una vez más la realidad se negó a cooperar.

Porque en política, como en la vida, las fotos se borran, pero los hechos permanecen. Y mientras algunos apuestan a la desmemoria digital, otros recuerdan que la hemeroteca -y el screenshot- son implacables.

“Cosas veredes, Mío Cid.”

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