El asesinato de Carlos Castro, periodista de la fuente policiaca, ocurrido la noche de ayer en un restaurante de la ciudad de Poza Rica, confirma nuevamente que Veracruz sigue siendo un territorio hostil para el ejercicio periodístico, donde la violencia se normaliza y la impunidad se administra desde el poder.

De acuerdo con información de corporaciones de seguridad, hombres armados ingresaron al establecimiento y dispararon en múltiples ocasiones directamente contra el comunicador. Tras la agresión, los sicarios escaparon sin que ninguna autoridad lograra detenerlos, reflejo de la fragilidad -o ausencia- de las estrategias de seguridad en la región.

Al lugar acudieron elementos de la Policía Estatal, el Ejército Mexicano y otras corporaciones únicamente para acordonar la zona, mientras personal de la Fiscalía General del Estado realizó el levantamiento del cuerpo y abrió la carpeta de investigación correspondiente. Hasta el momento, no hay personas detenidas.

Como ocurre de manera recurrente tras cada agresión o asesinato de un comunicador, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas emite pronunciamientos donde “exige” se esclarezcan los hechos. Sin embargo, dicho organismo ha perdido toda credibilidad entre el gremio periodístico, al haberse convertido en un ente integrado por comunicadores aplaudidores, dóciles y alineados al gobierno de Rocío Nahle, más preocupados por preservar privilegios que por defender la libertad de expresión.

Lejos de representar una voz crítica o un mecanismo efectivo de protección, la Comisión opera como un instrumento de simulación institucional, guardando silencio ante la violencia estructural contra la prensa y limitándose a comunicados tibios que no incomodan al poder en turno.

El homicidio de Carlos Castro se suma a una larga lista de periodistas asesinados en Veracruz, donde los discursos oficiales contrastan con una realidad marcada por la falta de resultados, la ausencia de justicia y la complicidad de organismos que, en lugar de proteger, optan por servir al gobierno.

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