Si algo ha demostrado Veracruz en los últimos años es vocación para la fiscalización. Al menos eso sugiere la presencia de cuatro veracruzanos entre los 92 aspirantes a dirigir la Auditoría Superior de la Federación (ASF) para el periodo 2026-2034. Una cifra nada menor para un estado cuya relación con las cuentas públicas suele ser, cuando menos, creativa.
Encabeza la delegación Delia González Cobos, actual titular del ORFIS, hoy animada a fiscalizar el gasto federal tras años de revisar -con resultados ampliamente interpretables- las finanzas veracruzanas. La lógica es irrebatible: si ya sobrevivió a Veracruz, la Federación difícilmente podrá sorprenderla. Entre observaciones que no observan, expedientes que reposan y silencios administrativos, el apoltronamiento, la hamaca y la lisonja parecen haber sido herramientas tan constantes como los informes de auditoría.
Le sigue Ramón Santos Navarro, excontralor general del estado y figura emblemática del reciclaje institucional. De vigilar cuentas locales a aspirar a vigilar las nacionales, su trayectoria confirma que en la fiscalización mexicana la experiencia no siempre se mide por resultados, sino por resistencia al paso del tiempo. Si llega a la ASF, no sería extraño que en el catálogo de gastos observables aparezcan la fiesta, la sobremesa larga y la siesta estratégica.
En la lista aparece también Aureliano Hernández Palacios Cardel, auditor especial del gasto federalizado de la propia ASF. En su caso, el movimiento es quirúrgico; auditar desde dentro, pero ahora con el control total. Una promoción natural en la escalera burocrática, esa donde varios nativos de Xalapa han aprendido a descansar, a optimizar beneficios y a aterrizar puntualmente cada quincena, sin importar turbulencias externas.
Cierra el cuarteto Gonzalo Guízar Balladares, contador público y político multicolor, prueba viviente de que la fiscalización moderna admite perfiles altamente adaptables, capaces de cambiar de sigla sin desajustar el balance. Con él, la auditoría podría experimentar una innovadora fusión entre números públicos y catequesis bíblica, donde las cuentas quizá no cuadren, pero siempre puedan absolverse.
Todos ellos compiten en un proceso donde también participa el actual auditor superior, David Colmenares, en busca de la reelección, y otros nombres con trayectoria técnica nacional.
En el listado también figuran perfiles con trayectoria nacional en fiscalización y combate a la corrupción, como Muna Dora Buchahin, exdirectora de Auditorías Forenses de la ASF; María de la Luz Mijangos Borja, fiscal Anticorrupción de la FGR; y Gerardo Lozano, exauditor especial de Cumplimiento Financiero. A ellos se suman Agustín Caso, exauditor especial de Desempeño, y Alejandro Reynoso Gil, auditor general de Nuevo León.
La decisión final recaerá en la Cámara de Diputados, con mayoría calificada, como marca la Constitución. Mientras tanto, Veracruz cumplió: mandó candidatos. Que ahora quieran auditar a todo el país, después de lo aprendido en casa, es -cuando menos— una ironía digna de revisión, aunque sin observaciones.
La Comisión de Vigilancia revisará la documentación y el cumplimiento de requisitos a más tardar el 5 de marzo. Posteriormente, se publicará en la Gaceta Parlamentaria el listado de candidaturas idóneas y el calendario de entrevistas.
Tras las comparecencias, la Comisión contará con un plazo máximo de tres días para integrar el dictamen con la terna que será enviada a la Mesa Directiva y sometida a votación del Pleno, a más tardar el 11 de marzo.







