Triste historia la del Tiburón Rojo: relegado en vida de los próceres de la 4T y ahora que no está, hacen todo lo posible para que vuelva a la vida.

Y cual persona creyente de los rituales para traer a los muertos del más allá, Cuitláhuac ha puesto mucho, mucho dinero para que la escuadra jarocha regrese al máximo circuito.

Pero como en las películas de muertos vivientes, el nuevo equipo del Veracruz vendrá apestado y remendado con piltrafas de otros que han tenido la misma suerte, peor aún dará las mismas lástimas que su antecesor hizo en vida en la Liga de Expansión, que tantos motes ha tenido para ocultar fea cara: la Segunda División.

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Igual de triste es la historia del divorcio del Gobernador con la afición del puerto. Cuando el Tibu estaba, no dio ni un solo peso para evitar que este muriera antes de tiempo.

Esto le generó la enemistad con la marea roja, con la que quiso congraciarse dándole un equipo de beisbol y por lo menos quedar bien con el Presidente.

Este lunes Cuitláhuac exhibió que sabe tanto de futbol como sabe tanto acerca de la constructora que reconstruye el Pirata y que como en las historias de corsarios, será el botín que el mandatario hará valer en 2024 para ganar el puerto.

El futbol es negocio cuando el equipo es bueno. Si no, pregúntenle a los Azcárraga, a los Diez y a los Martínez, pero cuando el equipo es malo… pues pregúntenle a los Kuri.

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