En este 2026, cuando las redes sociales no perdonan ni olvidan, volvió a circular un video que hoy se siente más como comedia negra que como propaganda oficial. Ahí aparecen el exobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, y la entonces secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, presumiendo su viaje en el Tren Interoceánico, en vagones de segunda mano, pero con entusiasmo de proyecto suizo.
“Vamos aquí en el desayunador, la secretaria de Gobernación, miren los paisajes…”, decía Cuitláhuac García con tono de guía turístico improvisado, mientras señalaba la sierra como si acabara de descubrirla. Todo era orgullo, sonrisas y un “desayunador panorámico” que, en el video, parecía más bien una fonda con ruedas y fe ciega en la Cuarta Transformación.
“Increíble, padrísimo, vamos”, aplaudía Luisa María Alcalde -hoy dirigente nacional de Morena- celebrando el momento como si no fuera un tren reciclado, sino el Orient Express versión bienestar.
Lo que no salía en el video, claro, era el otro lado de la historia. La que desafortunadamente llegó después. El descarrilamiento del Tren Interoceánico. Los muertos. Los heridos. Las explicaciones a medias. Los silencios completos. Y la memoria institucional convenientemente descarrilada junto con los vagones.
Tampoco se mencionaba que “Bobby” López Beltrán figuraba como ‘supervisor y asesor honorífico’ del proyecto, por decreto de su padre Andrés Manuel López Obrador, ni los señalamientos de corrupción que acompañaron la obra como riel paralelo. Eso no cabía en el encuadre del TikTok gubernamental ni en los “rollos mareadores” con los que funcionarios, militantes y simpatizantes morenistas intentan convencer al “pueblo bueno y sabio” de que todo va sobre ruedas.
Hoy, las redes hacen lo que no hizo el discurso oficial: unir el pasado festivo con el presente incómodo. El “desayunador panorámico” ya no provoca aplausos, sino ironía. El paisaje no distrae. Y el tren, ese que nos vendieron como símbolo de modernidad, quedó como metáfora perfecta: mucho video, mucha sonrisa y demasiados muertos.
Al final, el Tren Interoceánico no solo descarriló en las vías. También se salió del guion triunfalista. Y en internet, como en la historia, no hay vagón de segunda mano que aguante tanto cinismo sin que alguien jale el freno de emergencia.







