En la política mexicana, las alianzas no suelen romperse por diferencias ideológicas, sino por proyectos personales que dejan de coincidir. Así lo retrata el libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, publicado por Editorial Planeta, donde se expone el quiebre entre Dante Delgado y Andrés Manuel López Obrador, un episodio que terminó por reconfigurar el mapa partidista del país.
De acuerdo con el testimonio recogido en la obra, en 2009 Dante Delgado propuso a López Obrador integrarse a Movimiento Ciudadano. No se trataba de una invitación improvisada. Delgado había acompañado a López Obrador en la campaña presidencial de 2006 y nuevamente en los esfuerzos políticos posteriores, incluyendo el proceso electoral intermedio de 2009. Su respaldo fue constante y estratégico.
Sin embargo, tras la elección de ese año, la respuesta de López Obrador fue tajante: no se sumaría al proyecto de Movimiento Ciudadano. Optó por construir una nueva fuerza política, la que más tarde se convertiría en Morena.
El desencuentro no fue únicamente partidista; tuvo una dimensión personal evidente. Según la versión consignada en el libro, Dante Delgado se sintió profundamente decepcionado. Su apuesta era clara: fortalecer su partido con el liderazgo de López Obrador y, a partir de esa alianza, consolidar una estructura política de mayor alcance nacional. Para Delgado, la presencia de López Obrador significaba una oportunidad tangible de crecimiento acelerado.
El texto subraya que Dante mantuvo una actitud leal y participativa mientras duró la cercanía. Buscó mantenerse próximo al entonces líder opositor y respaldó sus proyectos. La ruptura llegó cuando López Obrador decidió fundar su propio partido. Ese anuncio marcó un punto sin retorno.
El libro no atribuye de manera concluyente las motivaciones del quiebre. Plantea interrogantes abiertas: ¿prevaleció la ambición política de López Obrador?, ¿cedió la de Delgado?, ¿o simplemente se impuso la voluntad de independencia del tabasqueño? Lo que sí queda establecido es el carácter definitivo del rompimiento. Ambos líderes no volvieron a coincidir políticamente, según Scherer.
A la distancia, el episodio adquiere una dimensión histórica. Morena terminó por convertirse en la principal fuerza política del país y llevó a López Obrador a la Presidencia en 2018. Movimiento Ciudadano, por su parte, siguió su propio camino como partido bisagra, con crecimiento regional y presencia legislativa relevante.
La ruptura entre Dante Delgado y Andrés Manuel López Obrador no puede reducirse a un desacuerdo táctico o a una diferencia coyuntural. Fue, en esencia, la confrontación de dos proyectos con vocación hegemónica, dos liderazgos que aspiraban a encabezar un movimiento nacional bajo su propia conducción. En política, cuando la disputa es por la centralidad y no por la colaboración periférica, la coexistencia suele tornarse inviable.
El episodio evoca una anécdota que ilustra el carácter político de Dante Delgado y que, en cierta medida, dialoga con lo planteado por Julio Scherer Ibarra. Siendo gobernador de Veracruz, durante la celebración de su cumpleaños, recibió una llamada de Raúl Salinas de Gortari para felicitarlo. En aquel intercambio se comentaba que, al concluir su mandato, podría asumir la Secretaría de Educación. En ese contexto, un acucioso periodista preguntó con ironía: “¿Dante, y a quién te llevas en la maleta?”. La respuesta fue lapidaria: “En la maleta de Dante, sólo cabe Dante”.
Más allá de la anécdota, el mensaje es claro: se trata de un político que privilegia la conducción propia de los proyectos. Bajo esa lógica, el choque con López Obrador era previsible. Lo ocurrido en 2009 no fue únicamente un desencuentro personal; fue el punto de quiebre que anticipó la reconfiguración del sistema de partidos y el surgimiento de una nueva arquitectura del poder en México.







