La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, reaccionó con visible irritación ante las críticas por el incidente registrado en la refinería de Dos Bocas, ese proyecto que el oficialismo insiste en llamar “estratégico” y la ciudadanía “monumento al sobreprecio”.

Entre una mezcla de lluvia, fuego y explicaciones poco convincentes, Rocío Nahle se volvió a encender ante los cuestionamientos de la prensa. Cuestionada sobre la viabilidad, costos y consecuencias ambientales de una obra que ha sido documentada más por sus fallas que por sus resultados. Para la mandataria de Veracruz esos hechos son una exageración de los “comentócratas”

Nahle, desde su cargo en Veracruz, quiere deslindar responsabilidades con una pirueta política: está lejos, pero apoya “al 100%”. Es decir, no estaba ahí, pero sí está. Y mucho.

En su narrativa, la refinería opera “al 100%”, produce combustibles y garantiza estabilidad energética en medio de un mundo convulso. Una versión optimista que contrasta con los reportes intermitentes de incidentes, ajustes técnicos y costos inflados que han acompañado al proyecto desde su gestación.

La mandataria también cargó contra sus críticos acusándolos de oponerse sistemáticamente a una obra que, asegura, nunca quisieron ver concluida. Seis años de críticas, dijo, como si el tiempo, por sí mismo, validara resultados.

El respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum fue total. No podía ser de otra forma. La política energética -heredada del sexenio anterior- es defendida como tabla de salvación en un contexto global marcado por tensiones y crisis. La energía, recordó Nahle, “es la que mueve al mundo”. Y también, habría que añadir, la que incendia debates, afecta centros escolares y trastorna el medio ambiente.

Dos Bocas sigue ahí. Entre promesas de autosuficiencia, reportes de accidentes y una narrativa oficial que insiste en que todo funciona. Es la maqueta de la mentira. Aunque el humo y las afectaciones ambientales digan lo contrario.

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