Por Antulio Ficachi
¡Vaya, vaya! Resulta que a Ricardo Monreal le dio un ataque repentino de pureza republicana y, de paso, mandó al cajón de las curiosidades su cuestionado emporio inmobiliario. El coordinador de la bancada guinda en San Lázaro salió muy orondo a pontificar: “Morena no debe proteger a nadie”.
La frasecita, soltada con la frialdad de quien se lava las manos con jabón Zote, se da tras la difusión de los escandalosos audios de Amílcar Olán, ese próspero empresario que presume contratos con el gobierno federal por donde se le mire.
Y ahí no acaba la estampa surrealista: el oráculo zacatecano sentencia que la FGR debe deslindar responsabilidades, asegurando sin sonrojarse que en su movimiento abundan “hombres y mujeres honrados cuyo patrón es la ley”. ¡Ja!
Bonita manera de dorarle la pildora al respetable; no dejan de sorprender los refinados protocolos de la santidad cuatroteísta.
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Donde también se venden al por mayor las frases huecas es en la Cámara Alta.
El canciller Roberto Velasco acudió a su comparecencia cargado de retórica añeja sobre la soberanía y el injerencismo. Soltó perlas de colección como: “Ante la presión, serenidad; ante la provocación, principios; ante la incertidumbre, resultados”. Aseguró que en pleno 2026 descubrió el hilo negro: que la cooperación y la soberanía avanzan juntas.
Charrería verbal pura para justificar una diplomacia que suele ladrar fuerte para el consumo interno, pero tuerce la cola apenas cruza la frontera norte.
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Donde el cinismo ya rozó niveles olímpicos es en las oficinas del IMSS-Bienestar en Veracruz. Representantes de tres sindicatos del sector salud (SIMESA, SINAITSA y FINTRAS) se plantaron en Xalapa para denunciar una jugada de antología: el criminal desabasto de medicamentos se intenta tapar con “entregas relámpago” de cajas atiborradas de fármacos inservibles que solo sirven para adornar los pasillos y tomar la foto oficial antes de que la impoluta mandataria pase revista.
Felipe Carrera y Óscar Antonio Monzón señalaron directamente al intocable Roberto Ramos Alor, exigiendo su dimisión por elemental dignidad institucional. Retrataron la tragedia de casi diez mil trabajadores y miles de enfermos que yacen en el suelo de los nosocomios, mientras los médicos echan mano de su propio bolsillo para comprar gasas e insumos básicos.
Presentaron un pliego de 17 demandas para frenar la simulación, pero la respuesta oficial sigue siendo la misma: maquillaje barato y sonrisas de boletín.
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Al sur de la entidad, el desastre huele a combustible quemado y desamparo. Más de seis kilómetros del río Chacalapa, en los límites de Jáltipan y Chinameca, amanecieron teñidos de negro y naranja por un devastador derrame de hidrocarburo.
Las 34 familias de la cooperativa Puente Rancho Viejo, lideradas por María del Carmen Martínez, rastrearon la mancha pesada hasta las inmediaciones de la planta de sal de PMV Minera —la misma instalación donde hace apenas un mes explotó un pozo de salmuera que se cobró dos vidas—.
El Ejército y Protección Civil colocaron cordones que parecen meros parches de agua sobre el afluente ypesqueras como Miguelina Luría y Efigenia Velázquez contemplaron la agonía de su único sustento: nadie les comprará un solo pez apestoso a petróleo.
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¿Y la gobernadora Rocío Nahle? ¡Ah, ella no sufre ni se acongoja! Mientras a los veracruzanos los ahoga el hidrocarburo en el sur y la falta de paracetamol en el centro, la mandataria prefirió tomar el avión a la Ciudad de México para aplaudirle en primera fila a Clara Brugada durante su Segundo Informe de Gobierno.
Prioridades le llaman en la política de hoy: el oropel capitalino siempre brillará más que el reclamo de un pescador con las manos vacías o las protestas del personal médico en la provincia.

