Por Antulio Ficachi
¡Menuda madrugá la de Washington! El magnate del copete anaranjado, Donald Trump, volvió a abrir la boca para escupir el mismísimo veneno que le apasiona. Dice el oriundo de Queens —con esa franqueza tan diplomática como un martillazo en el juanete— que en México manda la maña y nadie más.
Con su singular estilo de perdonar la vida, la agarró contra la presidenta Claudia Sheinbaum. La llenó de flores de plástico al calificarla de “mujer excelente” y “persona maravillosa”, pero de inmediato le dio el sablazo: “honestamente, no son capaces de hacerlo”.
Vamos, que en Palacio Nacional podrán tener la banda tricolor, pero las llaves del portón las traen los muchachos del fentanilo. Presume el güero que sus muchachos ya bajaron el flujo de veneno en un 67 por ciento y que tiene la geografía del narco mexicano mapeada como si fuera tabla de lotería.
¿Respuesta diplomática? Por ahora, puro silencio atronador… mientras la maña se parte de la risa.
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Cuando en México nos enteramos de la nueva ola de frío o de violencia, por las heladas y aristocráticas praderas de Montagnola, Suiza, fue avistado nada menos que el bendito empresario Amílcar Olán. Sí, el insigne padrino de los jugosos contratos de la 4T y compadre del alma del entorno del mismísimo Andrés López Beltrán.
Ayer soltaron el bombazo desde su trinchera: al buen Amílcar lo fotografiaron plácidamente en las puertas de The American School in Switzerland (TASIS). Una humilde escuelita privada a orillas del lago de Lugano con vista a los Alpes, donde la colegiatura cuesta más que el presupuesto de un municipio jarocho.
Hay niveles, señores, hay niveles. No olvidemos que cuando el pueblo bueno viaja en autobús urbano, la aristocracia del “bienestar” evalúa internados en la Colina de Oro. ¡Faltaba más!
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Y desde el bello Puerto de Veracruz, doña Rocío Nahle sacó el plumero de la soberbia para sacudirse el polvo que le salpica el amigo Amílcar. Acorralada en el Faro Venustiano Carranza tras firmar un convenio de seguridad con Tlaxcala (¿seguridad o pase de timón?), la Gobernadora jura y perjura que al tal Olán “ni lo conoce, ni en su vida lo ha visto”.
Para doña Chío, la modesta acusación sobre los 22 mil millones de pesos en contratos que amarró el magnate en Dos Bocas es apenas un “montaje de la derecha conspiradora”. Pero para rematar el chistecito, cubrió con su manto celestial a su flamante Secretario de Infraestructura, Leonardo Cornejo Serrano —aquel subdirector de Pemex a quien en los audios filtrados le brotaba la vocación de repartidor de bendiciones—. “Lord Montajes” le encasquetó al periodista Carlos Loret, aunque, sí de simulaciones se trata, ¿qué mayor montaje que gobernar una tierra que ni la vio nacer?
La refinería estará inundada de señalamientos, pero en los rollos discursivos de la Cuarta Transformación, las aguas siempre salen limpiecitas y auditadas… ¡Faltaría más que el pastel tuviera migajas!
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Donde la cosa apesta a huevo podrido —y no precisamente por la falta de antisépticos— es en las oficinas del IMSS-Bienestar Veracruz. Integrantes de los Comités de Salud levantaron la voz para denunciar una jugada mañosa: les quieren arrebatar la libertad de administrar los centavos del programa social “La Clínica es Nuestra”.
Los dedos apuntan directo a dos finísimas personas: Roberto Ramos Alor (delegado del IMSS-Bienestar) y Leonel Efrén Rivera Pinete (titular en SESVER). Cuentan las malas lenguas que en una encerrona el pasado 13 de octubre, los mandos juristas le dijeron a los ciudadanos que sus cotizaciones locales no servían y que tenían que contratar, a huevo, a una lista de seis empresas “palomeadas”. Todo con la venia y maniobra de la burocracia. Los Comités ya le fueron a llorar a la gobernadora Nahle y a Juan Javier Gómez Cazarín, otro personaje sin ninguna duda de su procedencia.
A ver si el fuego no les quema las manos, porque robarle al enfermo en nombre de la transformación sí que es no tener abuela.
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Para rematar la jornada con alegría y sabor a sablazo, la Secretaría de Finanzas y Planeación (SEFIPLAN), al mando de Miguel Santiago Reyes Hernández, nos regaló la primicia del fin de semana: en 2027 habrá nuevo reemplacamiento en Veracruz.
Le tocará el turno a los sufridos automovilistas que sacaron láminas entre 2019 y 2022. Dice el buen Secretario —con una cara de piedra que ya quisiera un Atlante de Tula — que la medida “no tiene fines recaudatorios”, ¡que es por pura y bendita seguridad! Sí, claro.
El cuento del “ordenamiento vehicular” ya nos lo sabemos de memoria: te cobran la placa, la tarjeta, el derecho vehicular y hasta la sonrisa, pero al final del día la delincuencia anda con placas clonadas y el ciudadano pagando la fiesta.
¡A guardar la quincena, mis estimados, que el amor a la Patria cuesta y en Veracruz se cobra por placa!

