Por Antulio Ficachi
Dicen los clásicos de la grilla que no se necesita mucha destreza para batallar cuando las balas pasan por arriba; la verdadera gracia —esa que pocos dominan— está en batallar cuando las balas rozan las solapas. En el Instituto Nacional Electoral (INE), la limpia huele más a perfume para tapar el chiquero que a desinfectante industrial. Mientras no haya vinculaciones a proceso penal contra el célebre “Club Taddei”, la llamada purga no pasa de ser una comedia de vodevil.
La consejera presidenta provisional, Blanca Cruz García, llegó prometiendo el oro y el moro: dijo que se acabaron las “lealtades personales”, que las decisiones ahora serán colegiadas y que revisarán el desempeño de los altos mandos para ver de a cómo nos toca. Todo muy bonito en el micrófono, pero la realidad es áspera.
Tras la intempestiva salida de Guadalupe Taddei —quien dejó el barco entre señalamientos de corrupción y contratos con tufillo a arreglos familiares—, apenas se reportan las renuncias de Iliana Rodríguez (Unidad de Género), José Alberto Pérez de Acha (Informática) y Mario Burciaga (Recursos Materiales). Tres peones sacrificados en el tablero. Todos atados, por cierto, al milagroso proveedor José Alfredo Hernández Casillas, benefactor de la exdirectora y de su entrañable prole.
Si el Órgano Interno de Control no entrega cabezas con expediente judicial en mano, esta “renovación” no será más que un cambio de fachada en la misma cueva.
***
¡Vaya manera de entender la máxima de “no robar, no mentir y no traicionar”! En el Barrio del Coecillo, allá en León, Guanajuato, la fe mueve montañas, pero la maña mueve credenciales. Resulta que supuestos “servidores de la nación” cayeron como moscas sobre la miel a visitar a cinco adultos mayores. Les prometieron el programa Salud Casa por Casa: doctores a domicilio, enfermeras amables y medicinas hasta el buró. ¿Qué viejito iba a decir que no? Entregaron gustosos copia de sus credenciales para el famoso “expediente”.
El tiempo pasó, los médicos jamás llegaron, pero lo que sí arribó a la puerta fue un vistoso paquete con sus flamantes credenciales… ¡de afiliación a Morena!
Con firmas digitalizadas al vapor y formatos sin respaldo, el cinismo triunfó, las credenciales volaron y la salud bien, gracias.
***
Hablando de virtudes olvidadas, en el circo de la política nacional las regentas de las casas non sanctas andan desatadas, haciendo a un lado sus propios pecados para gritar “¡al ladrón!”. Ariadna Montiel, dirigente guinda, anunció con bombo y platillo que demandará a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por insinuar sus supuestos afectos y nexos con el crimen organizado.
Montiel alista baterías por daño moral, calumnias, violencia política de género y hasta por actos anticipados de campaña. Flanqueada por un comunicado del Gabinete de Seguridad donde juran que “no hay evidencia” de reuniones con gente del hampa, exigió disculpas públicas al columnista Héctor de Mauleón y calificó todo como “estrategia de la derecha”. Acto seguido, la dirigente aplicó la clásica y se lavó las manos: dijo que no dirá ni una sola palabra más hasta que los tribunales hablen.
Típico: tirar el manotazo, acusar persecución y salir corriendo por la puerta trasera.
***
En el feudo veracruzano, donde los reptiles no muerden por temor a envenenarse, saltó la liebre. Ya no hay demonios en el infierno: andan en guayabera por Xalapa. Al estilo del Chapulín Colorado —más ágil que una tortuga y candoroso como una lechuga—, el secretario ejecutivo del OPLE, Luis Fernando Reyes Rocha, salió a enredarse sólo.
La caída de Taddei le manchó el plumaje. Aparece como apoderado de Cajas Graf, proveedora consentida de la ordeña electoral. Con cara de ángel caído, alega que el poder caducó, que usaron sus datos o culpa a un homónimo. Corrió a la FGR a curarse en salud y juró no darles juego desde 2023, aunque admitió que los cajones guardan facturas añejas para esa firma y para el misterioso Corporativo Zeg.
El fondo del sainete -dicen- es puro apetito mercantil: el finísimo José Alfredo Hernández Casillas buscaba calentar la plaza para asegurar contratos. Soltó morralla a ciertos plumíferos para pegarle a la presidenta Marisol Delgadillo; así, mientras unos cobraron el encargo, otros, desde la victimización, posaron como apóstoles de la honestidad.
Pero tan desesperado estaba Reyes Rocha por probar su inocencia que movilizaron a sus huestes mediáticas en la capital. La histeria llegó al extremo de obligar a la burocracia, de nivel medio para arriba, a exhibir en las pantallas de sus celulares la foto del secretario denunciando ante la FGR, como si una imagen en WhatsApp tuviera el poder divino de absolver contratos pecaminosos. ¡Ternuritas!
Sospechosismo de alto octanaje en la aldea, mientras la Auditoría Superior de la Federación ya le saca filo a la lupa.
***
En tanto la clase política juega a las escondidillas con los presupuestos, la realidad de las mujeres en la entidad es una tragedia sin tregua. Datos del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres (OUVMujeres) de la UV revelan que la violencia machista se disparó un 59.8% en los primeros nueve meses de 2026, alcanzando 310 casos documentados frente a los 194 del año previo. Septiembre se coronó como el mes más negro con 64 registros.
Aunque el Observatorio reporta una leve reducción en el indicador de feminicidios (44 casos en 2026 contra 54 en 2025), el acumulado histórico desde 2014 hiela la sangre: 1,267 mujeres asesinadas por razón de género. Reportes independientes contabilizan más de 30 ejecuciones violentas de mujeres en municipios como Cosoleacaque y Coatzacoalcos, entre hallazgos en hieleras, ataques a balazos en moto y cuerpos arrojados desde camionetas en movimiento.
La contabilidad de la muerte avanza mientras en los palacios oficiales se discute quién se queda con las tajadas de las licitaciones.

