Antulio Ficachi
En los altares de la política nacional existe una devoción selectiva por la justicia extranjera. Cuando una corte estadounidense dicta sentencia basada en los relatos de antiguos capos, testigos protegidos y negociadores profesionales de condenas, el fallo se convierte en palabra revelada si el condenado pertenece al catálogo de villanos favoritos del momento.
Pero si esas mismas instituciones solicitan la extradición de algún personaje con domicilio conocido en los pasillos del sistema político mexicano, la fe entra en revisión doctrinal. Entonces aparecen las dudas procesales, los llamados a la soberanía y las exigencias de pruebas que ni el propio Sherlock Holmes habría reunido.
Parece que la cooperación internacional funciona como los paraguas oficiales: se abre o se cierra según la tormenta que convenga.
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Los partidos políticos han encontrado una nueva especialidad académica: la ingeniería del eufemismo electoral. Como la ley prohíbe adelantar campañas, los estrategas decidieron adelantar los nombres.
MORENA busca “Coordinadores Estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. El PAN responde con “Coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad”. El PRI presenta a sus “Defensores de México”.
A este ritmo, para 2030 aparecerán los “Custodios de la Esperanza”, los “Guardianes del Porvenir” y los “Vigilantes de la Democracia Permanente”.
La única institución que parece no enterarse de que ya arrancó la sucesión de 2027 es el INE. Aunque quizá sí lo sabe y simplemente decidió aceptar que en México las precampañas duran más que algunos matrimonios y casi tanto como ciertas obras públicas.
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En Palacio Nacional también existe una escala muy particular para administrar los reflectores. Hay espacio para mascotas deportivas, personajes de entretenimiento y momentos de color televisivo que ayudan a mantener la programación con buen ritmo.
En cambio, las madres buscadoras continúan transitando por carriles secundarios. La carta de Elisandra Cabanillas, quien busca a su hijo desaparecido desde 2025, tuvo que viajar mediante intermediarios para intentar llegar al escritorio presidencial. El mensaje es claro: hay asuntos para la transmisión en vivo y asuntos para la ventanilla discreta.
No es que falte atención, explican desde la administración. Lo que falta es cámara. Y en la política contemporánea, la diferencia entre existir y no existir suele medirse en minutos de transmisión.
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Por cierto, quienes sí lograron hacerse visibles fueron los transportistas de Amotac en Veracruz. Para exigir seguridad tuvieron que detener carreteras. Paradójicamente, el tránsito se paralizó para reclamar condiciones mínimas para circular.
Los operadores denuncian extorsiones y homicidios. Los bloqueos afectaron rutas estratégicas. Los usuarios se desesperaron. Y el comercio volvió a recordar que la logística nacional depende de carreteras donde el riesgo ya forma parte del costo operativo.
Dicen los expertos que la economía se mueve sobre ruedas. El problema aparece cuando las ruedas necesitan escolta.
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Y mientras las preocupaciones locales recorren autopistas bloqueadas, desde Oporto llega una noticia que parece redactada en otro idioma presupuestal. La histórica Livraria Lello y las autoridades portuguesas decidieron invertir millones de dólares en un encuentro literario internacional con escritores, premios Nobel y lectores.
La idea resulta casi revolucionaria: para asistir a conferencias en espacios públicos basta comprar un libro en los comercios de la ciudad. El gasto público se vincula con cultura, comercio local y promoción urbana.
Por estas tierras, la austeridad se reservar para bibliotecas, museos y proyectos culturales. En cambio, los discursos abundan sin necesidad de imprimir una sola página.
Quizá por eso Portugal organiza festivales literarios y México produce conferencias diarias y festivales de cuarta. Cada nación invierte en aquello que considera indispensable para su futuro. Unos compran libros. Otros compran entretenimiento para los borregos.
¡Que cosas!

