Por Antulio Ficachi
Dicen en los pasillos de Palacio Nacional que el huachicol ya no existe. Fue erradicado por decreto obradorista, bendecido en la mañanera y sepultado bajo una montaña de otros datos. El problema es que a la Fiscalía General de la República (FGR) se le olvidó leer el libreto.
Apenas esta semana, los muchachos de la FGR se tropezaron -¡qué molestia!- con más de un millón de litros de combustible clandestino repartidos alegremente en San Luis Potosí, Hidalgo y Morelos. Asfaltadoras, líneas de producción, tomas de ácido sulfúrico y tanques a reventar.
O la delincuencia organizada no se enteró de que el delito estaba extinto, o en el México de la ¡transformación’ el petróleo brota por pura “generación espontánea”. Más de un despistado en el gabinete federal quedó desconcertado al ver que los audaces empresarios del hidrocarburo ajeno hasta cheques y carpetas contables llevaban.
¿Combustible extinto? Vaya manera de mentir y revivir muertos… a razón de miles de barriles diarios.
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La que necesita algo más fuerte que un té de azahar es la dirigencia nacional de Morena. Su lideresa, Ariadna Montiel, salió a pedir “nervios de acero” para capear el vendaval que se les viene encima rumbo a 2027. Y no es para menos. Entre definir 17 gubernaturas y apagar el fuego en las tribus, la señora trae la agenda saturada.
Ah, pero donde la diplomacia se volvió comedia fina fue al hablar de Baja California. Con la gobernadora Marina del Pilar envuelta en audios por el lío de su visa gringa y a patadas con Jaime Bonilla, la dirigencia guinda prefirió aplicar la clásica política del avestruz: pedir “respeto” y mirar para otro lado.
¿Y sobre el arranque de campaña prematuro de Andy López Beltrán? Náhuatl puro: “está haciendo lo que le pedimos”. Faltaba más. El “heredero” no anda en precampaña, ¡hombre!, anda haciendo “tareas militantes”.
Y a los cientos de suspirantes que ya se ven en la boleta para gobernar un estado, Montiel les mandó un mensajito que sonó a cubetazo de agua fría: no se hagan “ideas”.
Traducido del lenguaje guinda al español de a pie: las encuestas serias -es decir, las del dedo del Olimpo- se revelarán cuando el calendario lo decida.
Paciencia, parvada.
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Desde la Secretaría de Educación Pública, Mario Delgado y el siempre oficioso Ricardo Monreal traen entre manos la panacea nacional: prohibir los celulares en los salones de clase para salvar a los menores del “demonio algorítmico”.
La intención suena encomiable, casi poética. El detalle es que la escuela dura seis horas y el día tiene 24. Prohibir el teléfono en el aula mientras los niños regresan a casa a sumergirse otras ocho horas en TikTok es como querer tapar un fugón de huachicol con un chicle.
Pero en San Lázaro ya preparan los aplausos para la foto progresista. La nomofobia se cura por decreto, faltaba más.
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Donde crece y se pone más de moda la tragicomedia es en el bello estado de Veracruz.
La fiscal general Lisbeth Aurelia Jiménez jura y perjura que ella no hace política, sino justicia. Por eso mismo trae en la mira el desafuero de dos alcaldes de Movimiento Ciudadano (Ixhuatlán del Sureste y Úrsulo Galván). Dice la fiscal que no hay dados cargados ni nostalgias de cuando mandaba en el Poder Judicial. Sin embargo, en los distritos opositores huele más a vendetta electoral que a pulcritud jurídica. Casualmente, el mazo del Congreso local aprieta con más ganas a los del partido naranja.
Y cuando la fiscalía local se anota la medalla de inhabilitar casi 500 líneas telefónicas con las que se extorsionaba ¡desde adentro de los penales! (reconociendo sin empacho que los reclusos meten celulares como si fueran golosinas), un fantasma helado recorre las calles del puerto y de Xalapa.
El demoledor informe de la ONG Propuesta Cívica desnudó lo que en Veracruz todos sabían pero pocos se atrevieron a asentar en expedientes: la impunidad en los asesinatos de periodistas durante el nefasto sexenio de Javier Duarte no fue incapacidad, fue diseño.
Complicidad, escenas contaminadas, peritajes pátito y un Estado doblado ante la maña. Más de 30 comunicadores caídos desde el año 2000, 18 de ellos en el periodo duartista, y las carpetas de investigación durmiendo el sueño de los justos.
Ahí radica la verdadera ironía veracruzana: las autoridades son muy veloces para armar desafueros y perseguir alcaldes de oposición, pero perezosas y ciegas cuando se trata de hacer justicia a quienes pagaron con la vida el atrevimiento de informar.
Cosas de mi tierra, mi hermano.
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¡Con la Coquita no! Coca-Cola FEMSA asestó un sablazo al bolsillo popular aumentando hasta cinco pesos sus bebidas. Le echan la culpa a los insumos, la inflación y al insaciable IEPS.
Dicen los bien informados que en Palacio el coraje no es por la salud del pueblo, sino porque este “gasolinazo” dulce resta más popularidad al régimen que toda la oposición junta.
Cuando el trago amargo de la realidad ya no lo endulza ni los rollos oficiales, la efervescencia social estalla desde la miscelánea.
Salud… si es que le alcanza.

