Por Antulio Ficachi
Más mala que la carne de puerco en noche de vigilia resultó la ocurrencia inicial de la presidenta Claudia Sheinbaum de dejar fuera a Omar García Harfuch de la cumbre de la DEA allá en Buenos Aires. En el Gabinete de Seguridad tuvieron que aplicarle una terapia de grupo exprés para convencerla de que el superpolicía debía ir sí o sí a dar la cara. “Es para que vean lo que estamos haciendo y no haya fake news”, justificaron a coro.
Lo que nadie contempló en ese script diplomático fue el insólito comité de bienvenida que aguardaba al enviado mexicano en suelo pampero. Y es que, entre los pasillos bonaerenses, más de uno levantó la ceja al conocer que allá estaba todo listo para la deportación del contralmirante Fernando Farías, aquel alto mando militar implicado en el histórico huachicol de 10 millones de litros de combustible en Tamaulipas. El marino, capturado desde abril tras cruzar la frontera con papeles más falsos que un billete de tres pesos, andaba pidiendo refugio con el pretexto de que su vida peligra. Las autoridades argentinas optaron por no complicarse el caldo y pactaron entregarlo directo a los brazos de la FGE, donde ya le tienen preparado un expediente por delincuencia organizada.
Se ve que las visitas de cortesía al Cono Sur salieron con premio doble.
***
Desde la tierra del aroma a café, quienes le saben a la grilla jarocha sonríen al escuchar a Rocío Nahle pontificar sobre las formas de la política en su última aparición en podcast. Con ese tono áspero que la caracteriza, la gobernadora mandó decir que la sucesión del 2030 no es la “cola de las tortillas” para andar pidiendo turno, repartiendo rozones parejos a cuanto despistado ya se siente delfín.
Nahle usó la vieja receta veracruzana: repartir elogios de utilería y estocadas de terciopelo. Al senador Manuel Huerta lo despachó con un gesto de desdén, tildándolo de “quejoso profesional” al que ya ni vale la pena hacerle caso. Sobre la exsecretaria de Educación, Claudia Tello, aplicó la clásica salida por la tangente asegurando que regresó al Senado por “estrés y exceso de trabajo” —la fatiga siempre es un buen pretexto republicano—.
Eso sí, le dedicó loas de todos los tamaños a Ricardo Ahued para mantener la fiesta en paz en el Palacio del mármol, y hasta tuvo palabras amables para Cuitláhuac García, a quien bendijo como una “buena persona”, comprobando que en la política tropical la bondad suele ser el eufemismo preferido para la ineficacia.
Donde la gobernadora cerró la puerta con tres candados fue con los Yunes de El Estero. Presumiéndose como toda una “dama” que prefiere ignorar a los groseros, le dejó claro a la militancia que abrirle paso a esa dinastía en Morena sería cruzar una línea roja.
¡Lástima por los que ya preparaban sus fichajes estrella!
***
Mientras en el sur del estado el gobierno de Veracruz suda la camiseta para sofocar la rebelión en el ingenio “San Pedro” de Lerdo de Tejada —acusando hasta a Guatemala de meter azúcar de contrabando—, en el Tribunal Electoral de Veracruz (TEV) la austeridad republicana se digiere con azúcar refinada.
Y es que la magistrada Tania Celina Vásquez Muñoz -quien le encuentra sentido a la vida sólo frente a un espejo- llevó el concepto de “viáticos de trabajo” a un nivel digno de repostería gourmet. Con un sueldo que araña los 111 mil pesos netos al mes, los reportes de transparencia sacaron a relucir facturas pagadas con el erario para calmar sus antojos en comisiones oficiales: desde donas Krispy Kreme y galletas finas, hasta churritos, platanitos y bombones comprados en tiendas de conveniencia y aeropuertos.
Vaya manera de “fiscalizar” el presupuesto público. Al parecer, en el TEV la democracia no sólo se defiende con la ley en la mano, sino con el estómago bien contento y la glucosa hasta el cielo.
¡Buon appetito!


