Por Antulio Ficachi

En la Secretaría de Marina ya no quedan capitanes de mar y guerra, sino despachadores de logística aduanera de alta velocidad. Menudo regalito de tango importó la aviación naval desde Buenos Aires con la repatriación del Contralmirante Fernando Farías Laguna. Tras una peripecia de utilería por Colombia y una estancia con pasaporte “chapín” a nombre de un tal Luis Lemus, al alto mando se le bailó el último corte en la pampa.

En la Fiscalía General de la República descorcharon la sidra y lanzaron confeti para agradecer al Tío Sam y a la DEA —que andaban de fiesta gorda en la cumbre IDEC— el favorcito de acelerar el empaque. Lo verdaderamente grotesco del Asunto Farías es su simetría consanguínea: mientras el Vicealmirante Manuel Roberto repasa sus glorias a la sombra en el Altiplano, el hermanito Contralmirante aterriza en jet de lujo para rendir cuentas por los 31 buques de “huachicol fiscal” ordeñados pacíficamente en Altamira y Tampico.

“Donde haya impunidad, habrá investigación”, recitaron en la FGR con devoción de seminario. Habrá que rezar para que esas pesquisas traigan el tanque lleno, no sea que el hidrocarburo decomisado termine carburando, otra vez, las mismas tuberías del poder.

***

Por los rumbos de la Atenas Veracruzana, Jorge Romero anduvo haciendo el papel de obispo exprés repartiendo exorcismos de utilería. El dirigente nacional del PAN desembarcó para jurar que los Yunes (Linares y Márquez) ya no cortan ni el queso en el banquete azul rumbo al 2027. La frontera del perdón, dicen, fue aquel 10 de septiembre de 2024, cuando los señores feudales de la conurbación vendieron caro su amor para entregarle la reforma judicial al régimen.

Soberbio malabarismo estatutario: mientras a la tropa silvestre como Mariana Dunyaska le aplican la guillotina con pérfida celeridad por firmar su renuncia, al junior Fernando Yunes —cómodamente apoltronado en la curul local— lo mantienen bajo un “riguroso análisis individual”. 

Doble rasero de la comedia partidista: para la militancia de a pie, la hoguera; para la dinastía del apellido noble, tibias consideraciones y sala de espera VIP.

***

Donde la “austeridad republicana” mutó en descarada comedia de nómina es en el Ayuntamiento de Xalapa. La burocracia municipal destapó una legión de 65 asesores contratados exclusivamente para oxigenar el entendimiento de nuestro esclarecido Cabildo.

Para medir el monumental calibre cerebral que exige la administración municipal, la alcaldesa morenista Daniela Griego opera escoltada por cerebros de hasta 49 mil pesos mensuales -con todo y los pasados oscuros que la vox populi les achaca-. 

Pero la oposición no le pierde el paso a la simulación: el priista Dalos Ulises Rodríguez lidera el escalafón con un batallón de nueve “guías espirituales”; la panista Flor de María Mendoza requiere de siete luminarias para no equivocarse al alzar la mano, y en el podio de la sabiduría brilla el resentido regidor cuarto, Alfonso Osegueda Cruz escudado por seis alborotadores para disimular su vacuidad.

Decenas de genios cobrando del erario para asesorar la titánica y nunca lograda encomienda de tapar tres baches en la avenida. 

¡Cuestan caros los aplausos en el palacio griego!

***

Se fue el patriarca Atanasio García Durán, iniciador de la izquierda veracruzana y promotor de la exquisita e ilustre dinastía que regaló el sexenio de su hijo Cuitláhuac. En el Olimpo jarocho, don Atanasio prefirió despedirse no sin antes soltar su último dardo: catalogar como un “error” la elección de Rocío Nahle como gobernadora de Veracruz. ¡Vaya herencia de franqueza!

Mientras el luto oficial reparte condolencias diplomáticas como las de Ricardo Ahued, en los pasillos de la política estatal más de uno traga gordo. 

Se apaga un referente ideológico que deja un legado pesado y un recordatorio incómodo que ni las flores ni el luto podrán borrar.

Publicidad