Por Antulio Ficachi

Se acabó el rochismo… o al menos eso dice el guión. En Culiacán, la comedia política mexicana entregó otro capítulo de antología. Rubén Rocha Moya pidió su segunda licencia -a saber si para curarse el susto o para preparar el equipaje- y la LXI Legislatura sacó del sombrero a Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina hasta noviembre de 2027. 

La socióloga y exsecretaria de Educación pasó de los libros de texto a administrar un incendio de dimensiones épicas. 

Todo indica que en Sinaloa el cargo no se toma: se padece.

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¿Abrazos o Boeing 737? En medio del festejo parlamentario por la toma de protesta, la Sedena envió su particular “centro de mesa”: 300 militares volados en dos aeronaves directo a Mazatlán. Qué curioso. 

El discurso oficial habla de patrullajes y “acciones disuasivas”, pero el contexto grita otra cosa: 14 homicidios en un solo fin de semana colocaron al estado como el más sangriento del país. 

Los soldados bajaron del avión armados hasta los dientes justo cuando Graciela tomaba la silla. Vaya bienvenida para la flamante mandataria: la tropa llega a disuadir lo que la política local simplemente no puede controlar.

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El teatro circense de la Cuarta Transformación ya hizo temporada permanente en la vertiente del Golfo. Ante la racha de bochornos, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, sacó de la caja de herramientas la vieja confiable: diagnosticarle “complotitis aguda” a la derecha maldita para tapar cualquier mancha en su expediente.

Tras el accidente de una revolvedora en Monterrey vinculada a su yerno -porque nada grita más austeridad republicana que camiones de carga ajenos gravitando en su órbita- y los murmullos de pasillo sobre sus tentáculos en la política sinaloense, la respuesta oficial no fue transparente. Faltaba más. En lugar de mostrar contratos, facturas o peritajes, la consigna de Palacio fue activar al batallón de “plumas de cuarta”.

Los mercenarios del teclado, alimentados a base de convenios de publicidad institucional y croquetas informativas, salieron en estampida a calificar el escándalo de “telenovela”. En la teocracia jarocha de la emperatriz del mármol, dudar del dogma es pecado mortal y fiscalizar el presupuesto es traición a la patria.

Pero mientras el coro de aplaudidores a sueldo intenta convencer al respetable de que la caca de pollo huele a perfume francés, en la democracia de a pie señalar que la reina no sólo va desnuda, sino que el vestuario nos costó millones, no es conspiración: es periodismo.

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¿Asesores en la sombra? En el arte del escapismo presupuestal, la alcaldesa Daniela Griego acaba de inaugurar una nueva rama de la física: la materia oscura municipal. Ante la incómoda filtración de que el Ayuntamiento sostiene a una nutrida ‘recua’ de más de 60 asesores -varios de ellos disfrutando sueldos de hasta 49 mil pesos mensuales por iluminar y ‘cranear’ el camino del gobierno-, la respuesta oficial fue el clásico y desinteresado “¡es mentira!”.

La culpa, como dicta el sagrado manual del deslinde burocrático, siempre es de los que ya no están. Según la deslumbrante narrativa del palacio griego -donde la culpa de todo mal terrenal se le achaca por decreto a Ricardo Ahued y Alberto Islas-, los nombres atrapados en el Excel no son aviadores de la casa, sino “fantasmas” heredados que presuntamente olvidaron estampar la firma en su baja. Toda una proeza paranormal: la nómina oficial del primer trimestre de 2026 convertida en una sesión espiritista de la gestión pública, donde hasta los espectros cobran puntualmente en efectivo.

El dilema de fondo es fascinante: si la propia información que el Ayuntamiento sube a su portal de Transparencia es una obra de ficción.

¿Habrá que contratar a otros 60 asesores para que traduzcan la realidad?

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Respira Poza Rica en medio de la podredumbre política y hay una luz en la penumbra. El colega Elí Martínez, reportero del diario Noreste, reapareció con vida tras 12 horas de infierno luego del ataque armado ejecutado la noche del lunes 24 de agosto. 

Aunque permanece bajo el resguardo de la Policía Ministerial y el hermetismo reina sobre su estado de salud, su localización es un respiro. 

En la geografía veracruzana, donde reportar la verdad suele ser un deporte de alto riesgo, que un comunicador regrese a casa para contarlo sigue siendo, trágicamente, una milagrosa excepción.

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