Por Antulio Ficachi

Si usted creía que las sospechas sobre “El Clan”, las grabaciones incómodas en La Condesa y los misteriosos nexos con la muchachada de Jalisco le quitarían el sueño a la dirigencia de Morena, desengáñese. Doña Ariadna Montiel salió al paso con la ligereza de quien ahuyenta una mosca: “Nosotros nada más nos reímos”, soltó con guasa guinda.

Dice la señora Montiel que las tropelías atribuibles a los entrañables compadres de Andy López Beltrán no son más que “leyendas urbanas”, libretos pergeñados por la ultraderecha e inventos de la prensa militante. Que los videos sin audio expuestos por De Mauleón son puro cine mudo y que ella, muy digna, ni sabe quién es amigo de quién, ni le interesa.

En el guion de la 4T, mientras los hechos ardan allá afuera, en la cúpula oficial se vive en un perenne estado de gracia y felicidad de plástico.

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En el circo de la oposición, los payasos se tiran los pasteles a la cara antes de levantar la carpa para el 2027. Al líder tricolor, Alejandro “Alito” Moreno, le dio por convocar a un frente común, pero desde el balcón emecista el senador Clemente Castañeda le asestó un periodicazo seco: “El PRI no tiene autoridad moral ni para convocar a una borrachera”.

La respuesta de “Alito” no se hizo esperar y, en lugar de alzar el debate, sacó el álbum de fotos del recuerdo para señalar que para juergas, parrandas y cervecitas, los profesionales son Jorge Álvarez Máynez y Samuel García. En la trifulca terció Manuel Añorve para calificar a los naranjas de “esquiroles”.

Entre borracheras imaginarias y esquiroles de verdad, la oposición avanza a paso firme… pero directo al despeñadero.

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Y acá en Veracruz, donde la niebla de Xalapa a veces sirve para tapar desatinos, la gobernadora Rocío Nahle tuvo que vestirse de abogada defensora. Interrogada sobre la presencia de tres parientes del expresidente López Obrador en la nómina estatal, la mandataria argumentó con vehemencia que los muchachos “tienen derecho a trabajar”, pasaron por la Universidad Veracruzana y no llevan su sangre; ergo: no hay nepotismo.

Pero el enredo no acabó ahí. Al revisar los bolsillos de la tropa, Nahle admitió “inconsistencias” (es decir, un sueldazo fuera de norma) en la percepción de una de las jóvenes beneficiadas, por lo que prometió tijeretazo de austeridad. Y para coronar el sainete familiar, al ser cuestionada sobre la inclusión del médico Pinete —esposo de otra de las parientas—, la gobernadora juró por la Atenas Veracruzana —donde gobiernan dos que apenas y son veracruzanas— que ella no sabía nada del nupcial lazo, que lo invitó por pura estima a la difunta madre del muchacho.

¡Vaya casualidades que florecen en la nómina del Estado!

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Como si fuera poco, a Doña Rocío la buscaron para preguntarle si le quita el sueño el rumor de que el Tío Sam le revocaría la visa de ingreso a Estados Unidos. La respuesta fue un monosílabo tajante: “No”. Si se la quitan, dijo, allá ellos; al fin que no tiene necesidad de cruzar al norte. Con un fervor turístico improvisado, mandó a los críticos a pasear por El Tajín, Jalcomulco y Los Tuxtlas.

Nada como un buen baño de pueblo para curar la nostalgia por las pasarelas comerciales de Miami o Nueva York.

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Y la que sigue distraída y pateando el bote, entre festivales de cuarta, tequíos o loquíos, culpas arrojadas al pasado de Ahued y regaloneos al síndico y sus ediles aplaudidores, es la alcaldesa morenista de Xalapa, Daniela Griego. Un día sí y otro también, la realidad le propina una bofetada helada.

Las cifras, frías y dramáticas, muestran que Xalapa se posicionó en el infame lugar 49 a nivel nacional en personas desaparecidas, acumulando un registro de 514 expedientes activos —la inmensa mayoría, varones—.

La herida se extiende a Córdoba y Veracruz puerto, sumando entre los tres municipios casi dos mil almas tragadas por la tierra. Lo peor: la infancia y la adolescencia están en la mira, con reportes recientes de jovencitas esfumadas en la conurbación Xalapa-Coatepec.

Pero no se preocupe usted, que en el ayuntamiento la ineptitud, la fiesta y el confeti no se detienen.

¡Que sigan los tambores!

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