Por Antulio Ficachi

Cuando en el escritorio presidencial se sigue cantando el “vamos bien y viene lo mejor”, la realidad —esa maldita y obstinada burguesa— volvió a dar una cachetada de guante blanco, pero con la fuerza de un marro. Salieron los resultados del examen PISA 2025 y la autollamada “Nueva Escuela Mexicana” amaneció como despiertan los festejados tras un carnaval patronal del pueblo: cruda, despeinada y pisoteada en el fango de la mediocridad.

Las ONG’s Educación con Rumbo y Mexicanos Primero argumentaron —con pruebas, pruebas y más pruebas— que los muchachos no saben leer bien, no entienden de ciencias y, en matemáticas, siete de cada diez jóvenes se le quedan viendo a los números como si fueran jeroglíficos aztecas. El 41.8 por ciento no cubre ni las competencias mínimas para no perderse en la calle. ¿El alto rendimiento? Un raquítico 0.5 por ciento en México contra el 11.9 global. Pero eso sí: ¡ya saben organizar asambleas comunitarias, ‘loquios’ y hacer composta ideológica!

En el tablero internacional, el desempeño en matemáticas cayó a su punto más bajo desde 2006. Perooo, el sistema insiste en que las maestras y maestros resuelvan con pura “voluntad” lo que en verdad es una podredumbre estructural.

A este paso no van a enseñar a sumar: van a enseñar a rezar.

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Y hablando de fantasías, otra de las grandes fábulas de la 4T —aquella que juraba que el huachicol era asunto del pasado— se volvió a derrumbar; o mejor dicho, se volvió a cavar.

Dos nuevos túneles dignos del “copia y pega” de El Chapo aparecieron esta semana engarzados a las arterias de Pemex. Uno en Tultitlán, Estado de México, donde el olor a gasolina era tan escandaloso que las pipas hacían fila como en autoservicio de hamburguesas; y otro en Santa Catarina, Nuevo León, una obra de ingeniería subterránea de cien metros con mangueras de alta presión.

El expresidente y líder moral de Morena insistía en que el robo de hidrocarburos era un fantasma extinguido, pero la superficie del país sigue pareciendo queso suizo.

El huachicol no se acabó: nomás aprendió a usar topos.

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En el Veracruz que dice gobernar Doña Rocío Nahle, las cosas rayan en el sainete gótico. La mandataria ha prometido “poner de moda” al estado y vaya que lo está logrando, aunque la pasarela sea de nota roja.

En la carretera Naranjos-Tamiahua aparecieron una mujer y un hombre embalados en bolsas negras de plástico, acompañados de la habitual cartulina con recadito criminal. El Observatorio de la UV ya contabiliza 36 feminicidios. La Fiscalía de Ozuluama abrió la investigación correspondiente: una más en esa colección infinita de carpetas que acumulan polvo y garantizan impunidad.

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Pero no se acongoje, que para el estrés del pueblo la Secretaría de Cultura estatal —a cargo de la Bon vivant Xóchitl Molina— tiene la medicina perfecta: filosofía VIP. Se descubrió que el Gobierno de Veracruz le soltó nada menos que 864 mil 200 pesos a la promotora Rosalba Herrera para traer al Festival del Mar en Coatzacoalcos a los influencers Diego Ruzzarin y Farid Dieck.

Sí, leyó bien. Ruzzarin, ese fogoso profeta del anticapitalismo y la dialéctica marxista de sillón, cobró una jugosa tajada del erario público por una charla de 45 minutos titulada “10 pensadores que cambiaron mi vida”. ¡Vaya manera de odiar al capital! Cobrando cientos de miles de pesos salidos de los impuestos de los veracruzanos. 

Entre 2025 y 2026, la misma promotora se embolsó 1.2 millones de pesos del gobierno estatal paseando a estos predicadores de la moralidad digital.

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Mientras tanto, en Xalapa, la realidad golpea sin micrófonos. El dirigente de Coparmex, Arturo Blanco, reveló la tragedia de su madre de 80 años, quien falleció tras sufrir un derrame cerebral provocado por una llamada de extorsión. Una extorsión donde hoy los delincuentes usan Inteligencia Artificial para clonar voces.

Señala el empresario que el 35 por ciento de estas llamadas cobra víctimas en el sector productivo. Pero no hay de qué preocuparse: mientras las mafias extorsionan desde los penales y tiran cadáveres en las cunetas, el Gobierno estatal gasta el dinero público en explicarle a los jóvenes cómo el dinero “deshumaniza al ser humano”.

¡Son unos genios!

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